The Magpie Salute en la sala But

Lunes, julio de 1996, frío, mucho frío y sueño. Andando con el paso casi inanimado de aquel que se sabe resignado y abatido. Los auriculares del viejo walkman atronando canción tras canción como si supiesen que miles de millones de personas necesitamos un poco de paz, buscando el silencio mental casi zen escondido entre las notas y las palabras. Súbitamente, cortando el ambiente la voz del locutor de la vieja y querida emisora de radio Rock and Pop (radio emblemática de un lugar del planeta de cuyo nombre no…ya saben) comunica la hora y la temperatura para recordarme que: son las 6:30 de la mañana, aún es de noche, el frío me corta el abrigo, voy camino al colegio, dios ¿por qué nunca pasa nada, nada que altere el orden de las cosas? todo es igual fuera de mi querido walkman. El locutor se calla y empieza a sonar una guitarra, y luego otra, cuatro compases y entra el resto (batería, teclados y bajo) un down tempo al mejor estilo del sur de los USA. Cuatro compases más y una voz de la vieja escuela al mejor estilo de los Faces y Free empieza a describir una escena de desamor con detalles muy en la línea de Jack Kerouac. Otra vez el mantra, la paz y una sola pregunta:  “¿De dónde salieron esas guitarras?”.La respuesta llegó en forma de revistas varias que contaban que The Black Crowes acababan de editar Three snakes and one charm, la canción que yo había escuchado se llamaba Girl from a pawnshop y los culpables de esas guitarras demoledoras eran Rich Robinson y Marc Ford.

Lunes, 12 de noviembre de 2018, otro frío, tampoco brilla el sol, pero mi paso es ágil y decidido. Voy rumbo a la Sala But subiendo por Fuencarral echando humo, con mi viejo walkman ya jubilado y dejando paso a un smartphone con muy poco carisma pero que cumple su función con más títulos de rock de pura cepa de los que puedan escucharse en una vida. La cita es con The Magpie Salute, último proyecto que incluye a los ex Black Crowes Rich Robinson, Marc Ford en guitarras y Sven Pipien en bajo y los ex músicos de la banda solista de Robinson: Matt Slocum en teclados y Joe Magistro en batería. Las voces corren a cargo de John Hogg, dando una gran carga de soul al combo. Puede verse la expectación en todos y cada uno de los ojos allí presentes y no es para menos, desde la edición de The Magpie Salute (inició homónimo de la carrera del combo, puedes leer su reseña aquí) en 2017 no son pocos los que ansiaban ver en directo de qué se trataba todo esto. Y resultó que todo se trató de seis músicos con medio siglo (de promedio) sobre los hombros, todos ellos fanáticos de la música, las guitarras (desfile de reliquias) y de dar conciertos épicos.

Con toda la banda sobre el escenario empezaron a sonar los primeros acordes de High Water, canción que da nombre al nuevo disco con su psicodelia a cuestas dando lugar a una pequeña jam sobre el final de la pieza que ya nos daba una pista de lo que se estaba cociendo. Continuando con el estreno de canciones Mary the Gypsy hizo desaparecer los restos de óxido en las caderas de un respetable completamente entregado al volumen, al sudor y a una noche de lunes que olía a viernes por los cuatro costados. “Graciaus, buenos nochesss” dijo John Hogg en un más que imperfecto castellano antes de que Omission abriese la veda de las canciones del primer disco y todo lo que quedaba de cansancio por inicio de semana desapareciese tras gritos y convulsos movimientos de cuello. Un halo bucólico impregnó toda la sala en la introducción de For The Wind, será por sus arpegios Zeppelineanos o por ese Mellotrón que acolchona todo antes de la avalancha rítmica. A estas alturas descubrimos que la lista de canciones es mucho más extensa en tiempo que si la escuchamos en una playlist ya que todos los solos de guitarra se convierten en Jams que se extienden por todo lo largo y ancho del escenario. En esto estábamos pensando todos cuando atacaron de una tacada Eight Miles High el clásico de los Byrds y Look Out Cleveland de The Jam. Con todos más que conmovidos por el respetuoso homenaje acabaron el primer tercio de show con Shalimar Dreams de Marc Ford (quien mantiene esa voz keithrichardniana intacta) y Bye Bye Baby.

En lo que se retiran teclas, bajo y parches del escenario los allí presentes nos tomamos un instante para mirarnos y constatar que esto es real, tan real los pelos como escarpias y la garganta hecha un nudo al ver que sólo quedan en el escenario Hogg, Robinson y Ford, cada uno con una guitarra acústica dispuestos para hacer diana al ritmo de la nueva Sister Moon, You Don’t Have To Cry de Crosby, Stills & Nash (aplaudidísima versión interpretada con maestría) y uno de los primeros shots  al miocardio de la noche llamado Cursed Diamond de los ya extintos Black Crowes en una versión acústica que derrumbó el foro de la madrileña Calle Barceló por primera vez esa noche. Cabe destacar que el set list está muy bien medido ya que para descongestionar un poco las lágrimas se suceden tres canciones del último disco y una de Marc Ford (Take It All, Deep Water, What Is Home y Can You See) en el regreso de los músicos y las guitarras eléctricas al escenario, de esta forma se puede notar un progresivo ascenso de intensidad hasta la descarga final. Oh Josephine y Under a Mountain nos recuerdan que seguimos en un concierto de ex-Black Crowes y (previo aviso “esto ya son los bises”) Good Morning Captain nos recuerda que seguramente fueron una de las bandas más icónicas de un género que lucha por no desaparecer de la historia. Presentación de banda y agradecimiento mediante Send Me An Omen no deja columna en pié y despide a un concierto realmente memorable, de esos que dejan marca y a un servidor mirando como poseído hacia el palco superior con cara de embobado con una pregunta flotando entre ceja y ceja “¿ese que está apoyado en la columna es Johny Kaplan?” incógnita que despejamos el próximo domingo en la sala Costello de Callao. Abrazos y sonrisas son nuestra cena entre la salida de la sala y la bajada al Metro.

El frío es aún más intenso, pero liberador, no sé si camino o me arrastro, o floto. Llegar a casa y encontrarte con que tu suegro pasó por casa y dejó alitas de pollo fritas es como convertir un lunes en noche de Reyes Magos. Alitas, ducha, paso de Netflix, cama…sueño…sueño…sueño…pero antes necesito saberlo:

“¿de dónde salieron esas guitarras?”

Texto: @javiervittone
The Magpie Salute en la sala But
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La música, lenguaje poderoso capaz de rescatarte.

El Rescate Musical

La música, lenguaje poderoso capaz de rescatarte.

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