El Share Festival incendia el Poble Espanyol

Con temperaturas más propias del desierto californiano donde se realiza el Coachella que las de la ciudad condal, la segunda edición del Share Festival llegó como una tormenta de verano: arrasando y con una gran ola de calor. En lo alto de Montjuic, los más de 9.000 asistentes han disfrutado de los artistas más importantes del momento. Los ritmos urbanos de Don Patricio, Lola Indigo, Becky G y C. Tangana hicieron vibrar a todo el Poble Espanyol en el sold out del viernes. Contraste completo el de la jornada del sábado, con el rap y el pop-rock  de la mano de Rayden, Nil Moliner, Carlos Sadness y Alfred García. Además del récord de asistencia, con más del 90% de entradas vendidas, se añadieron las más de 40000 acciones solidarias que se realizaron hasta la clausura del festival. Música y solidaridad de la mano, no hay nada mejor.

La fiesta comenzó el viernes

Tras largas y calurosas horas de espera en la cola, los fans corrieron hacia el escenario con un 70% de ganas y un 30% de sudor en su cuerpo. Daban igual los 40 grados que marcaba el termómetro en el Poble Espanyol, las ganas de fiesta se notaban en el aire. Y de repente Don Patricio apareció,  con una escenografía de lo más simple y sus características camisetas a rayas. El canario interpretó los temas de su último álbum La vida dura del joven rapero y algunas de sus primeras canciones. Pero también dio una de las sorpresas de la tarde, cuando dio la entrada al escenario a sus amigos con los que formó el grupo Locoplaya: Bejo y Uge. Volaron colchonetas, repartieron caramelos y se comieron ferozmente un melón con una no muy indirecta metáfora.

Foto de Sandra Pérez

Hubo que esperar más de una eterna hora para que Lola Indigo apareciese en escena. A pesar de los problemas técnicos previos que impacientaron a los asistentes al festival, crearon un gran espectáculo en el que el baile y el canto se compenetraron al milímetro. Como si de artistas internacionales se tratasen, Mimi Doblas, Mónica Peña, Saydi Lubanzadio, Laura Ruiz y Claudia Riera cogieron el protagonismo en la noche barcelonesa. El gran ritmo que generaron tan solo fue interrumpido por ellas mismas, con algunos parones entre canción y canción.

Foto de Share Festival

Ya era noche cerrada cuando los temas más famosos de reggaeton resonaron en el Share Festival. Una gran sorprendente Becky G comenzó a bailar y cantar con una presencia escénica que muchos otros artistas envidiarían. Gracias a sus innumerables colaboraciones con los grandes del género y su casi perfecta escenografía, la americana realizó un show que se hizo más corto que largo. ‘Mayores’, ‘Sin Pijama’, ‘Dura’ o ‘Mala Mía’ fueron algunos de los temas más coreados y bailados por el público.

El buen sabor de boca continuó con la llegada de otro de los cabezas de cartel: C. Tangana. El madrileño, enfundado en un chandal y micrófono en mano salió al escenario tal y como después se fue: saltando y sudando. Después de ocho botellas de agua y sus temas de trap más famosos, se puede decir que el artista lo dio todo y consiguió una compenetración con el público digna de mencionar. Todo el Poble Espanyol pareció gritar al unísono ‘Bien duro’, ‘Antes de Morirme’, ‘Pa’ Llamar tu atención’ o la mezcla de trap y bolero en ‘Un Veneno’. Sin embargo, el clímax de la noche ocurrió cuando Pucho sacó al escenario a la ya mencionada Becky G, para cantar su famoso dueto ‘Booty’.

Foto de Share Festival

Muchos «booties» se movieron a lo largo de esta gran jornada y como dice la canción de Tangana ‘Llorando en la Limo’: «Dios bendiga el reggeaton, Dios bendiga a Daddy».

Segundo día, misma euforia

Tan solo 24 horas después, el Poble Espanyol volvió a acoger a miles de personas dispuestas a gritar y a sudar por los artistas que actuarían esa misma noche. El comienzo de la fiesta estuvo a manos de Rayden, que con su fuerza y sus crudas letras puso el punto de rap al festival. Entre los temas que interpretó junto a su banda no faltaron ‘Haz de luz’, ‘Caza de pañuelos’ o ‘Matemática de la carne’.

Otro de los artistas más esperados fue Nil Moliner, una de las revoluciones musicales más virales del último año. Su más que conocido ‘Hijos de la Tierra’ fue uno de los puntos más álgidos de la noche, aunque el momento acústico en el que interpretó su balada ‘Soldadito de Hierro’ o su versión del primer single de Pablo López ‘Vi’ le hicieron conectar con el público al cien por cien.

Foto de Share Festival

Pasadas las diez de la noche, el pop galactropical de Carlos Sadness  y su banda pusieron la nota de color a la jornada. Ataviados con unos trajes «de invierno» tal y como comentaron, aguantaron estoicamente el abrasador calor. ‘Isla Morenita’, ‘Qué electricidad’, ‘Física Moderna’ o ‘Semitransparente’ se han convertido ya en unos clásicos entre los seguidores del catalán.

Y el broche final al Share Festival lo puso uno de los artistas más esperados y queridos en la ciudad: Alfred García. El artista prácticamente novato salió al escenario arrasando como si de una leyenda de la música se tratase. Nada parecía apuntar que tan solo llevase 2 años en la industria musical, él y su banda derrocharon energía desde el segundo 1. Sonaron sus temas más conocidos de su álbum debut ‘1016’ y hubo tiempo para unas colaboraciones sorpresas. Curiosamente aparecieron en escena los otros artistas que actuaron ese mismo día antes que él. El ya clásico ‘Que nos sigan las luces’ junto a Nil Moliner, una versión más festivalera de su dueto con Carlos Sadness en ‘No cuentes conmigo’ y ‘Comunicado Oficial’, una canción inédita creada con Rayden que dejó sin palabras a los asistentes ante su dura y cuidada letra.

Foto por Elia Montoya

Una gran fiesta que se repetirá en el 2020 debido al gran éxito de su segunda edición. Gracias al récord de asistencia y la participación de diferentes organizaciones hicieron de este Share Festival una fiesta en la que, además de disfrutar con los diferentes artistas, se observó el lado más solidario de la música.

5.0
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Melómana compulsiva y en proceso de ser periodista. Madrid es mi ciudad natal, pero actualmente vivo en Terrassa mientras estudio en la Universitat Autònoma de Barcelona. Mi afición favorita es descubrir nueva música, recomendársela a mis amigos y no parar hasta que se la sepan de memoria. El resto del tiempo juego al waterpolo y veo series en Netflix.

Elia Montoya

Melómana compulsiva y en proceso de ser periodista. Madrid es mi ciudad natal, pero actualmente vivo en Terrassa mientras estudio en la Universitat Autònoma de Barcelona. Mi afición favorita es descubrir nueva música, recomendársela a mis amigos y no parar hasta que se la sepan de memoria. El resto del tiempo juego al waterpolo y veo series en Netflix.

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