«Sex Education», la primera sorpresa del año de Netflix

El pasado viernes se estrenaba en la plataforma de Netflix una nueva serie juvenil, bajo el título de «Sex Education». Su premisa es simple: Otis, un joven virgen y con problemas para relacionarse, decide montar una clínica clandestina en el instituto junto a su compañera tras darse a conocer que es hijo de una importante terapeuta sexual.

A partir de esta premisa la serie no deja de tratar de sorprendernos episodio a episodio, siguiendo la estructura de presentarnos un problema sexual de un estudiante y tratar de solucionarlo en cada capítulo. Esquema simple, pero efectivo que ayuda a conocer más a los protagonistas y a que simpatices con ellos.

Y sí, como el propio nombre indica la serie esta llena de escenas de sexo, pero todas ellas tratadas desde una perspectiva cómica. De esta forma da en el clavo a la hora de transmitir al público los problemas inherentes que se tienen en la etapa de la adolescencia, pero en esta ocasión en la cama.

Si algo destaca durante toda la serie es el tono de la misma, es capaz de ser dramática y de llevarlo todo a lugares insospechados, pero siempre lo hace de una manera amable, de forma que te genera una sonrisa y te hace ser más optimista. La serie trata gran variedad de problemas, no solo sexuales, como son el aborto, la homofobia, el abandono familiar o la presión social. Pero lo que en otras series derrumbaría a los personajes, en «Sex Education» los hace más fuertes.

«Sex Education» funciona tan bien por los personajes y la construcción que se va haciendo de los mismos. Otis (Asa Butterfield), Meave (Emma Mackey), Eric (Ncuti Gatwa), Jean (Gilliam Anderson), Adam (Connor Swindells) o Jackson (Kedar Williams-Stirling) son el nombre de algunos de ellos, y todos cuentan con un hueco para brillar y conocerlos.

La comedia británica trata de una manera muy noble el tema del sexo, ayudando tanto a jóvenes como a adultos a aceptar que no toda relación es perfecta y que lo importante es conocerse y comprenderse a uno mismo. En total la serie dura cerca de seis horas condensada en ocho episodios. Es perfecta para ver en un fin de semana o en algún momento en el que te encuentres triste, porque si algo tiene cada uno de sus capítulos es que te sacan una sonrisa. Ahora solo queda esperar a ver si Netflix se decide a renovarla por una temporada más.

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