“Santaolalla desanda el camino, hacia adelante”

Una de las pocas frases que siento que realmente me marcaron en la vida es una que dice: “no somos una sola cosa”. Siempre creí y defendí que uno tiene el derecho de ganarse el pan haciendo aquello que para lo que ha venido a este mundo, así sean distintas tareas disímiles entre sí. De resultas de ese planteamiento renacentista surgen personajes como Leonardo Da Vinci, Alejandro Dolina, Benjamin Franklin, Benito Arias Montano, Paracelso, Fernando Arrabal (si ¿qué pasa?)  y quien nos ocupa hoy; Gustavo Santaolalla.

Dentro de su faceta musical, Santaolalla se desempeña como multiinstrumentista, cantante, productor y compositor tanto de canciones como de bandas sonoras de películas (labor que le ha hecho merecedor de dos premios Oscar entre otros), espectáculos teatrales y videojuegos. Además, en los últimos años se ha desempeñado como productor de vinos y cervezas con grandes resultados; en fin, que no se aburre.

Entre tanta actividad se ha guardado un momento para mirar hacia atrás y recuperar su carrera solista en forma de un espectáculo personal e introspectivo del que se desprende “Racconto”, un disco grabado en vivo entre los conciertos realizados en el Teatro Colón de Buenos Aires y el programa televisivo Encuentro en la Cúpula.

Una de las primeras características que llaman la atención de este disco es la calidad del audio, que conjuga con maestría la limpieza de los estudios de grabación con el sonido ambiental, el equilibrio con que suenan los instrumentos, las voces, los aplausos del público y los pequeños ecos que nos recuerdan  que hay un grupo de músicos tocando juntos y a la vez ¡y qué músicos! Al ya habitual compañero de ruta Javier Casalla (violín, viola, pincuyo, guitarra eléctrica y voz) hay que sumar a Barbarita Palacios (voz, uke bajo, guitarra acústica, guitalele, campanas tubulares , glockenspiel, tambura y percusión), Nicolás Rainone (contrabajo, cello, bajo eléctrico y voz), Andrés Beeuwsaert (vibráfono, hammond, piano, clavecín y voz) y Pablo González (batería, bombo leguero, timbales y voz) quienes dan prueba de que la salud de la escena musical latinoamericana está representada por músicos de altísimo nivel, versátiles y capaces de generar espacios tanto para el sosiego como para la alta adrenalina, como la vida misma. Y es que la música de San Taolalla (perdón, no puedo evitarlo) se nutre de tantos estímulos (que no sólo géneros musicales) como paisajes, sonidos, aromas, ideas, anhelos, fantasías, leyendas, libros santos y paganos y una lista tan extensa como años tiene el universo, llegando a convertirse por momentos en una suerte médium que alberga el espíritu de todo aquello que escapa a nuestra percepción, ya sea por lejano o porque el árbol no nos deja ver el espejo.

Sin lugar a dudas, uno de los hilos conductores de este repaso a cincuenta años de vida musical (me niego a hablar de “carrera”, Gustavo no corre contra nadie) sea el séptimo integrante sobre el escenario, el todo, que siempre es más que la mera suma de las partes; esa orquesta de cámara popular que a fuerza de talento y carisma va haciendo agujeros de gusano que nos permiten viajar por fuera del tiempo y el espacio. Y así se confunden los arreglos de una canción propios del rock sinfónico con letras de corte folclórico y otras que nos hablan del espacio sideral, y sonidos del altiplano con guitarras eléctricas, country, jazz o tango.

En la producción, además del mismo Santaolalla, encontramos a Anibal Kerpel, socio y pareja musical desde hace más de treinta años con su sello discográfico Surco, gestando así un auténtico Santaolalla, sello de distinción con el que cuentan artistas como: Molotov, Café Tacuba, Divididos, Juanes, Caifanes, y un gran número de artistas de la escena latinoamericana.

De momento, la gira “Desandando el camino”, que defiende esta producción por teatros y auditorios, sólo recorrerá Latinoamérica, y de momento Europa es una incógnita. Será entonces necesario, paliativo y procedente que dediquemos un tiempo (da igual cuánto, al fin y al cabo sólo es tiempo) a desandar el camino desde donde nos corresponda, un par de auriculares en el Metro o autobús, un paseo por carretera, una merecida siesta en el sofá, una reunión entre brindis y mordiscos, en el trabajo o en la más que necesaria escapada al baño del colegio para escuchar algo que nos distraiga un segundo de esa ardua tarea que consiste en convertirnos en personas de bien. Porque como suele decirse, al fin y al cabo, no somos una sola cosa.

Texto: @javiervittone
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