Ricky Lavado, batería de Standstill, NudoZurdo o Mi Capitán, publica ‘Endora’

‘Endora’ es el título del primer libro firmado por el percusionista. Acaba de ver la luz a través de la editorial Bandaaparte, habitual para la escena musical, que ya cuenta con Guille Galván (Vetusta Morla) o Niño de Elche entre sus autores. El batería y percusionista demuestra que las baquetas no son su única habilidad con un libro de relatos plagado de música y recuerdos.

Ser buen letrista no es sinónimo de ser buen escritor. Ser buen letrista implica muchísimas virtudes, pero no siempre llevan de la mano una buena pluma -hablando del formato papel-. Ricky Lavado no es letrista, sin embargo, es autor de la batería y la percusión de un puñado de canciones que navegan dentro de los recuerdos de cualquier aficionado al indie en español. Standstill, NudoZurdo, Egon Soda, Mi Capitán, The New Raemon, cualquiera de estos proyectos resuena con especial cariño en toda lista de reproducción que abarque la escena independiente en castellano. Pero Ricky no es solo un pluriempleado batería. Si uno busca en internet, uno de los primeros apelativos que aparece cuando teclea su nombre es el concepto ‘tranquilo’, y desde hace un par de semanas, ‘Endora’.

Pero ‘Endora’ no es sólo un libro. En origen, fue un fanzine que el autor publicó allá por los años 90 en Barcelona, con una decena de números, dentro de la escena hardcore punk de la Ciudad Condal. Veinte años después, bajo el mismo título, agrupa una serie de recuerdos relatados por los que pasean los suburbios catalanes, el skate, giras con StandStill, alguna que otra resaca e incluso Shakira.

En tono confesional, cercano y terriblemente tierno -insistimos en el concepto terrible-, el narrador nos traslada como si de un recorrido fotográfico se tratara a través de la memoria de un niño que descubre la música, de un joven que se abre al mundo o de un músico dentro de una formación de éxito con sus luces y sombras. Este libro de relatos es fundamentalmente un viaje, dentro del que nos enamoramos de la música en sus múltiples facetas, la iniciación a través de los discos de un hermano -Neil Young, Grateful Dead, Janis Joplin…-, la búsqueda de un discurso propio con el descubrimiento del punk y el hardcore -Minor Threat, Refused…-, o la dedicación profesional al medio. Pero su valor literario no se basa sólo en el aspecto musical. Lavado es un gran lector, y así lo demuestra. Referencias a Celine o Bobin, mágicos retratos de desconocidos. Hace que nos sintamos extrañamente encandilados por esos personajes que, fugazmente, van poblando cada una de estas fotografías -por duras que sean-. Como diapositivas que en una tarde de lluvia revisitáramos mando del proyector en mano.

Con hallazgos luminosos como ‘Yo cuando canto esa canción no imito a Serrat, imito a mi padre.’ o ‘En realidad sabemos muy poco de los demás. Sabemos aquello que tiene que ver con nosotros, y el resto no existe.’ siembra en el lector la identificación con un hijo, un extraño, o con el chaval que viaja por Europa. Puntos de vista todos habitados por el narrador, a través de los que le leemos crecer y crecemos con él. Es por libros como ‘Endora’ por los que funciona la máxima del comienzo. El campo de la escritura y la música no es exclusivo de los letristas, y menos mal. Ricky Lavado escondía tras las baquetas y la caja el germen de un sereno escritor, y es ahora que nos lo descubre con esta delicia de relatos.

Ricky Lavado, batería de Standstill, NudoZurdo o Mi Capitán, publica ‘Endora’
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