Mueveloreina y Yaeji estrellas del primer día del Sónar 2018

Sónar cumple 25 años. El día a llegado, las puertas de la Fira de Barcelona se abrían para recibir a los seguidores de uno de los festivales más punteros.

El día había llegado, las puertas de la Fira de Barcelona se abrían para recibir a los seguidores de uno de los festivales más punteros, en una de las ediciones más especiales. Sónar cumple 25 años y eso podía sentirse en el ambiente, con globos flotando, camisetas de homenaje y una pancarta en uno de los laterales del recinto, donde el protagonismo se convertía en césped artificial y telones rojos.

Aunque el número de escenarios que llega a cinco en Sónar de Día, tenía programación variada y pensada para que los gustos no se solaparan, hay que decir que para un seguidor de este festival, muchas veces hay que elegir con cuidado para programar un día y una noche perfectas. Los nostálgicos tenían un premio diario y durante las horas de apertura los pabellones. ‘Despacio’ se convertía en una iniciativa recuperada con acierto por los organizadores y que permitía viajar en el tiempo para cargarse de innovación y frescura, algo poco habitual y donde el equilibrio suele resultar difícil. James Murphy y ‘2manydjs’ tocaban las teclas perfectas para acompañar a los altavoces colocados en las esquinas de la sala, completada con una gran bola de discoteca y unos planetas iluminados con luz negra. Entrar en el espacio era fácil, pero una vez dentro salir era más complicado, y había que obligarse a abandonar el paraíso vintage, funky y R&B, con la excusa de escuchar otro concierto, Jeanette y su ‘¿Por qué te vas?’ no lo ponía fácil.

Una de las señas de identidad del festival son las cortinas de terciopelo rojo que dan una fuerte personalidad a los espacios y dando más peso aún a la música. Pero como todo, hay excepciones. Es el caso del telón dorado del escenario Sónar XS, creado la edición pasada y dedicado a los nuevos ritmos y géneros musicales, como es el caso de Mueveloreina. El dúo tuvo el privilegio de ofrecer su setlist en por segunda vez en este escenario. El viernes anterior sorprendieron a los viajeros de la estación de metro de Universitat, vestidos con ropa de revisor y convirtiendo algún problema técnico en la mayor baza posible para crear un bis en medio del concierto. Sudor, disfrute, roce y muchas vibraciones son el resumen del grupo que convierte los ritmos urbanos y la crítica social en arte. Joaco J. Fox y Karma Cereza derrochan soltura y desparpajo lo que cautiva al público que aunque no sabe a donde va no parar de gritar: ‘Viva la liga’.

Con el calor y la libertad que da eliminar la censura por unos momentos, volvemos a la luz del sol que, mientras se despide, va tiñendo las miles de fotos con tonos naranjas y rojos y que comparten minutos con saludos de amigos, que hacen tiempo que no se ven y que permiten conocer a gente nueva, dispuesta a compartir las sensaciones únicas que solo aporta vivir en directo el Sónar y aún no saben lo que está por venir.

La banda sonora a esos momentos tan dulces corre de la mano de Yaeji, en el escenario del Sónar Village. La neoyorkina de origen coreano crea una empatía y frescura perfecta para este momento del festival, fusinando el trap, con el pop y el house y añadiendo letras sencillas que se pegan sin que pudieras evitarlo. Saber combinar el j-pop con el hip-hop o el disco y el breakbeat supuso que los buenos comentarios en las zonas de descanso y puntos de encuentro completaran un aplauso merecido.

El Sónar es sinónimo de vanguardia y experimentación, por lo que en esta edición, lógicamente no podía ser menos. En la primera jornada aún faltaba descubrir y aprender sonidos nuevos. El lugar elegido era el SónarComplex donde las butacas desbordaban el lleno para escuchar al Niño de Elche e Israel Galván. La sucesión de sonidos y melodías a ratos oscuras y misteriosas, se unían a los ritmos enérgicos del taconeo en un tablao o a los golpes en el suelo con barras. Las melodías un poco más claras parecían iluminarse con el roce de unas mallas metálicas, y las cuerdas vibraban en medio de destellos metálicos y ropa industrial. Su incursión en el festival no dejo indiferente a nadie y el público se dividió rápidamente entre los que disfrutaron desde el minuto uno y no se despegaron del asiento, y los que, aunque se esforzaron para comprender la propuesta, no pudieron terminar de ver el concierto y dejaron hueco a otros seguidores que esperaban un asiento libre.

Con la noche invadiendo Barcelona, empezaba el turno de los juegos de luces que ya necesitaban dejarse ver a pleno rendimiento. La oportunidad no se podía desaprovechar si en la meza de mezclas comenzaba uno de los autohomenajes a la historia del festival. Laurent Garnier provocó que las manos estuvieran arriba casi todo el tiempo y que los saltos y gritos fueran bien altos con temas como ‘Crispy Bacon’ o ‘Fashback’, un dulce aperitivo para su gran momento en el Sónar, cerrando la noche del sábado y la 25 edición. El público sabía aún lo que quedaba por delante y por eso el recinto no tardo en vaciarse, las fuerzas había que medirlas y las primeras sensaciones invitaban a disfrutarlas y conservarlas.