El Teatro Real se rinde ante Pablo López

(NdP). Pablo López gestiona su carrera con sabiduría. Tiene una ambición creativa voraz –a las pruebas de su álbum “Camino, Fuego y Libertad” les remitimos– pero sabe esperar, regular el tempo, armarse de paciencia. Ha construido su sólida reputación sin prisa, primando lo artístico ante cualquier otra consideración, ajeno a cantos de sirena y a predicciones funestas. No encaja exactamente en ningún molde preestablecido por el mercado, pero es uno de los músicos más exitosos del pop español contemporáneo. Ha logrado conectar. Y de qué manera.

El año pasado ya pisó las tablas del Teatro Real de Madrid como invitado. Y en la quinta jornada del Universal Music Festival 2018 ha repetido, esta vez como figura principal, con las entradas agotadas hace muchísimo tiempo, ante un público encantado de arroparle en una velada tan especial.

No es fácil encontrar músicos con tanta autoridad sobre la tarima. López se desenvuelve en el escenario con soltura pese a estar anclado la mayor parte del tiempo al piano. Al verle frente al teclado, heterodoxo en las formas pero dueño de una expresión muy personal, es inevitable pensar en modelos como Billy Joel, Jamie Cullum, Roger Hodgson o Freddie Mercury, aunque con un extra de desparpajo. El músico andaluz tiene un don natural para la comunicación y sabe sacarle el máximo partido. No se trata solo de recursos y experiencia, que también. Es una cuestión de inteligencia. ¿Problemas con el sistema in-ear al poco de empezar el concierto? No preocuparse, que se soluciona aquí mismo, sin agobios, mientras el jefe fortalece el diálogo con el público. Esa es otra de sus virtudes. Quienes asisten a sus conciertos no son meros espectadores porque Pablo los integra en el show. Y el respetable ha respondido con euforia, cantando todas, acompañando en los coros y en las palmas, bromeando con el malagueño, aplaudiendo a rabiar, riendo con ganas, pasándolo mejor que bien.

Fotografías: Universal Music Festival

Durante más de dos horas, ha revisado su cancionero poniendo el acento en los temas de su tercer álbum –arrancando con “El Camino” y terminando el concierto con “La Libertad”–, aunque sin olvidarse de composiciones como “Vi”, “El Mundo” o “Te espero aquí”, en la que ha invitado a su vieja amiga Georgina. También ha demostrado ser un estupendo anfitrión. Con Paty Cantú ha interpretado “Déjame ir” y cuando Pablo Alborán ha aparecido en escena por sorpresa para compartir con su paisano “El Gato”, hemos vivido el momento de mayor euforia en la presente edición del festival. Al menos por ahora. El cierre del bis, con la contagiosa “Tu enemigo”, ha coronado una de esas noches en las que todo va por su camino.

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