“¿Quién quiere amor cuando tenemos cigarrillos?” Niño Etc. y ‘Surf’ volviendo a jugar

Hay momentos en los que nos cuesta recordar porqué hacemos lo que hacemos. Cuando empezamos a caminar, por ejemplo, hay una suerte de pulsión evolutiva que nos lleva a intentar levantarnos en nuestras dos piernas, mover un pié, mover el otro, hacer equilibrio, caernos y reírnos, o llorar; pero siempre con una fascinación ante el cambio de perspectiva, el ver que podemos, y sobre todo el factor lúdico de no saber cómo va a acabar la aventura. Hasta que un buen día nos despertamos y esa maravilla de la evolución se nos hace rutinaria y ponemos un pié tras otro como si fuesen dos losas que nos guían a dónde no queremos ir, pero igual vamos. Como decía Facundo Cabral cada vez que le preguntaban por la mentira “¿Cómo no va a mentir la gentea los demás, si todos nos mentimos a nosotros cada día en cuanto vamos a hacer un trabajo que odiamos?”

Es por eso que la llegada de un nuevo disco de Niño Etc. (nombre tras el cual se oculta Mariano Napoli y una larga lista de inquietudes) es una gran oportunidad. Surf se presenta como un ejercicio de ocio creativo en el que continuamente nos preguntamos y cuestionamos si estamos realmente diciéndonos la verdad.

Producido por Feco Escofet (colaborador en discos de Mompox, Onda Vaga y la lista sigue…), el propio Mariano Napoli, su hermano Santiago Napoli (guitarrista del proyecto) y grabado en Mawi Road, descubrimos once canciones de un alto contenido emocional en donde no faltan finos arreglos, mucha riqueza rítmica y una variedad de dinámicas que hacen de la escucha un auténtico viaje, de ola en ola. Por supuesto que todo esto es posible gracias a un line up de músicos muy a la altura; a los ya citados Mariano Napoli (guitarra y voz) y Santiago Napoli (una de las guitarras más interesantes de los últimos años) hay que sumar a Gonzalo Pérez (trombón), Juan Fiebelkorn (bajo), Mark Moore (batería) y Olivia Suárez (coros y percusión) como banda estable del proyecto, que hacen de Niño Etc. un combo capaz de desenvolverse con sobrada soltura en distintos paisajes sonoros y estilísticos, y las colaboraciones de Julia Ortiz (Perotá Chingo), Jano Seitún (Onda Vaga), Cristian Silvosa (La Magnísima Gronda) y Manuel Schaller, dando aún más perspectiva a las canciones.

Las letras, por otra parte, son un compendio de preocupaciones y filias que surfean desde lo profundo, pero con un hilo conductor claro; la inocencia mas primigenia y salvaje, la que nos separa de los distintos adiestramientos que recibimos a lo largo de los años. Sin maniqueísmos y con más de un acto de compasión a lo largo del disco, Nápoli nos mira, se mira, los mira a todos y antes de emitir un juicio prefiere componer una canción que nos permita sentirnos mejor entre tanta tragedia, felicidad y contradicción.

Casos como los de Un mundo Feliz o Cigarrilos dan buena cuenta de lo uno, mientras que Ahora (ejercicio de simpleza donde los haya) da buena cuenta de lo otro, y en medio Malasangre, para los que todavía tienen ganas.

Así que mientras esperamos que la banda al completo pueda visitarnos (Mariano Napoli pasó por Madrid a principios del 2017) preparemos la tabla y miremos las olas, antes de que se nos olvide jugar otra vez.

Texto: @javiervittone
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