‘Miss Americana’ o cómo Taylor Swift dejó de ser ‘una buena chica’ y encontró su propia voz

Activismo, música y reinventación, así es el documental de 'Miss Americana' de Netflix sobre Taylor Swift que está dando tanto de qué hablar.

Unas manos con uñas pintadas de rosa se funden en un piano de caoba.  Mientras, un gato blanco de ojos azules se aventura por las mismas teclas. Esta podría parecer cualquier escena casera sacada de la vida de Taylor Swift, pero es el arranque que Lana Wilson ha decidido para ‘Miss Americana’, el nuevo documental biográfico para Netflix de la artista pop. La cinta, disponible en la plataforma desde el 31 de enero, fue la encargada de dar el pistoletazo de salida al Festival de Cine de Sundance, donde contó con inmejorables críticas.

Si hay un tema predominante en el documental biográfico de Netflix mejor valorado en IMDB de la historia claramente es la evolución. Todos conocemos la fábula de Taylor Swift: niña prodigio de la composición proveniente de una granja de árboles de Navidad en Pensilvania se muda a Nashville para perseguir su gran sueño de convertirse en estrella de la canción. Sin embargo, la lente de la aclamada cineasta logra captar algo más: la otra cara de ser una mujer en la industria musical.

La ruptura de un mito

Si todas las narrativas de los orígenes de la cantante estadounidense estaban contadas desde un mágico halo de fantasía y ensueño, este documental no hace otra cosa que disipar esa neblina y mostrar ‘a corazón abierto’ cómo de verdad es ser Taylor Swift y qué sacrificios u horrores ha tenido que afrontar en ese ascenso hasta la cima. Especialmente, porque no hay figura en la cultura musical contemporánea que sepa más acerca de subidas y bajadas que ella.

Ya sea personal o profesionalmente, la rubia más cotizada de la industria ha tocado el cielo con la punta de los dedos solo para ser confinada a lo más profundo de los infiernos a escasos segundos. Y es que, en la ‘cultura de la cancelación’ en la que estamos inmersos, ni si quiera ‘el corazón de América’ ha podido esquivar una bala.

Al final, la historia de la artista terminó por convertirse en uno de esos cuentos de hadas sobre los que ella misma se pasó más de quince años componiendo. Solo que el momento de catarsis le duró más bien poco y la manzana envenenada de los focos surtió su efecto demasiado pronto. Ahora, Swift no quiere tu perdón, mucho menos tus lágrimas, solo quiere ser aceptada y entendida. Es lo que siempre ha querido. Este es el hilo sobre el que versará todo el documental.

‘Una buena chica’

“Todo mi código moral, siendo niña y ahora, es la necesidad de que me consideren buena. Solo escribía sobre ello. Solo quería ser eso. Es completamente el sistema de creencia que adopté de pequeña. Haz lo correcto. Haz lo bueno. Siempre he intentado ser una buena chica”.

En ‘Miss Americana’, Swift se desprende de toda máscara y por fin confronta la imagen que los medios tenían de ella por presiones autoimpuestas que le vienen desde la niñez. El resultado es la total afirmación de que la artista ha sido víctima del síndrome de Campanilla, ese hada que acompañaba a Peter Pan en todas sus aventuras y que sin aplausos no podía sobrevivir. 

“Pero si vives para que te quieran unos desconocidos, que es de donde obtienes tus alegrías y satisfacciones, una sola cosa puede hacer que todo se venga abajo, predicaba la estrella justo antes de repasar el (primero de muchos) incidente con Kanye West en los VMA de 2009. En la cinta, la cantante se enfrenta a otros momentos en los que todo su mundo parecía que se fuera a derrumbar solo para demostrar que justamente han sido esas vivencias las que le han impulsado a dejar de ocultar su cuerpo y sus ideas bajo una falsa fachada.

Coming-of-age

El documental muestra la última década de la treintañera, desde dos voces diferentes: La profesional, centrándose en la creación de sus dos últimos álbumes de estudio, ‘Reputation’ y ‘Lover’, y la más personal, explorando su despertar político y feminista. En ‘Miss Americana’ acompañamos a la artista al estudio de grabación, a lujosas entregas de premios y a algunos de los escenarios más grandes del mundo, pero también somos partícipes del lado más oscuro de la fama.

Anorexia y problemas de autoimagen, vivir una relación amorosa en silencio por terror al que dirán, juicios por agresión sexual, viajes al hospital para tratar el cáncer de una madre, allanamientos de morada, ataques en Redes Sociales por activismo político… Estos son algunas de los hilos de los que Wilson y Swift van tirando para arrojar algo de luz a la cara más fea del éxito.

‘Miss Americana’ se nutre de entrevistas privadas, vídeos personales, conversaciones, grabaciones en el estudio y multitud de imágenes de archivo, muchas de ellas pasadas a la historia como grandes capítulos de la cultura popular. Sin embargo, todas estas cuentan con el filtro y ojo crítico de Wilson, capaz de sacar a relucir cualquier banalidad de detrás de las cámaras y formular las preguntas adecuadas para presentarnos la verdadera voz de Taylor Swift. Una que ahora sí está dispuesta a enseñarnos. Y a alzar cuando sea necesario.