“Honestidad Brutal” o el día que Andrés Calamaro vomitó 37 joyas

Muchos atribuyen a las drogas, parte del mérito de la composición de un buen disco, es el caso de Honestidad Brutal, el disco que consagró a Calamaro al olimpo de los dioses paganos.

Yo no creo en las drogas estimulantes más que como una forma de estar activo o en movimiento, es decir, me imagino a Andrés Calamaro un miércoles por la noche de finales del siglo XX en el barrio de Malasaña en Madrid y no me lo imagino tomando mate en su casa de la calle Pez para después irse a dormir, más bien lo veo como un sujeto activo produciendo canciones sin parar gracias a los efectos de la cocaína entre otras cosas, lo veo viviendo las noches con intensidad, resignándose ante una ruptura amorosa o tratando de negarla a veces.

Un disco que mezcla desamor y drogas, el hecho es que después de su andadura con Los Rodríguez se embarcó en solitario de nuevo y creó su disco más redondo Alta Suciedad y seguido Honestidad Brutal que fue un poco la segunda parte desmaquillada, su voz no era un juego, era fuego y después tuvo que pagar la cuenta del incendio como ya anticipaba en la incendiaria “Son las nueve” que es una de las 37 joyas vomitadas.

Todas las canciones tienen algo en común, se trata de una forma de cantar desgarradora, da la sensación de que vomita fuego en cada canción, el disco tiene una imperfección maravillosa debido a que muchas de las grabaciones finales provienen de las maquetas iniciales con apenas unos retoques y alguna pista añadida.

Siempre que lo escucho tengo la sensación de un cuchillo cortando el aire, no sabría explicarlo, solo hay que poner el primer corte “El día de la mujer mundial” y escuchar esas guitarras eléctricas afiladas y un Andrés despechado cantando a la mujer perdida, se trata de un disco de grandes hits; “Te quiero igual”, “Cuando te conocí”, “La parte de adelante”, “Los aviones” y la joya de la corona que es “Paloma”, esta representa al disco, con el desamor elevado a la máxima expresión y una forma de cantar que expresa el dolor con solo mirarlo.

En este disco tenemos lugar para todos los estilos; tango, blues, rock, cumbia, bossa nova, reggae y un largo etcétera.

Dicen que Calamaro apenas llegó al estudio con algunas letras y alguna idea musical y acabó haciendo 100 canciones en los nueve meses de grabación que abarcó varios estudios diferentes en varias ciudades; Madrid, Buenos Aires, Nueva York y Miami.

Las imperfecciones a la hora de cantar se manifiestan en canciones como “Aquellos Besos” donde hace referencia al “Ay pena, penita, pena” de Quintero, León y Quiroga, la segunda vez que nombra la copla se le quiebra la voz y es un ejemplo de la desnudez que muestra en el disco, esto transmite una emoción que quizá un disco perfecto como Alta Suciedad no tiene; “Los aviones”, con su maravilloso bandoneón, “Te quiero igual”, ¿quién dijo que no se puede decir te quiero una y otra vez sin ser cursi?, la dylaniana y torrencial oda a la Capital Argentina “No tan Buenos Aires”.

En “Con abuelo” que iba a llamarse “Sin Miguel”, en ella Andrés pone toda la carne en el asador y saca su faceta más sensible al hablar del líder de los Abuelos de la Nada, Miguel Abuelo que murió en 1988 a causa del sida, todavía hoy Calamaro en directo cuando canta “Paloma” cambia un verso que dice “quiero un pedazo de cielo para invitarte a dormir en la cama o en el suelo”, ésta parte final la sustituye por “..a dormir con Pappo y Miguel Abuelo” haciendo referencia también al cantante de blues argentino Pappo.

También hay lugar para la crítica social, y mucha, el caso de “Clonazepán y circo”, se trata de una crítica voraz a la sociedad de hoy con sentencias como “antes pelo, ahora gente, antes lucha, ahora circo, antes pan, ahora clonazepán“, haciendo una comparación con el pan y circo para entretener a la población, ahora nos dan ansiolíticos para calmar a la sociedad.

En definitiva se trata de un disco denso, requiere tiempo de escucha, en un principio cuando se publicó parecía una locura publicar un doble LP pero después la crítica estuvo de acuerdo que tenían delante una absoluta obra maestra, probablemente uno de los mejores discos en castellano. Bendito Andrés, luego llegaría “El salmón” que contiene 103 canciones, dicen que es probable que en esa época tenía escritas unas 500 canciones, después llegó un periodo de sequía compositiva de unos 6 años sin sacar un LP de canciones propias y a día de hoy tenemos a un Calamaro más centrado haciendo discos de calidad pero nunca más con la explosividad de finales del siglo XX.

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