Grammys: Adele también es una reina

Si hay alguien capaz de quitarle el reinado a la todopoderosa Beyoncé, esa es Adele, que este año se ha convertido en la protagonista indiscutible de los Premios Grammy. La británica se llevó cinco galardones, incluyendo los más importantes: canción del año (“Hello”), álbum del año (“25”) y grabación del año, unas categorías en las que competía directamente con queen B y su Lemonade”. Pero ahí no acaba el mérito. Adele es la primera cantante en la historia que consigue ganar estos tres premios dos veces, ya lo hizo en 2012 con su disco “21” y aquel hitazo convertido en historia de la música llamado “Rolling In The Deep”.

Que Hello sea la canción del año y grabación del año es indiscutible. La potencia de voz de Adele y su enorme talento están plasmados en esta balada que despierta todos los sentidos y estremece  desde sus primeras notas. Y a su calidad como artista hay que añadir su nobleza como persona. En una gala repleta de estrellas (Jennifer López, Lady Gaga, Rihanna o Katy Perry), Adele demostró que es la antidiva del pop, y eso es maravilloso. Prueba de ello el momento que hizo llorar a medio auditorio y a la mismísima Beyoncé.

Cuando subió a recoger el premio a mejor álbum del año, recordó muy emocionada los años que han pasado desde que dejó de lado la música para dedicarse por completo a la maternidad, y aunque ese era su momento, quiso hacer su homenaje personal a Beyoncé.Mi sueño, mi ídolo es queen B, te adoro, quiero que seas mi mamá”, le dijo a una Beyoncé embarazadísima de gemelos. “No puedo aceptar este premio. “Lemonade” es monumental, Beyoncé. Ha sido tan monumental, tan bien pensado y con un alma tan hermosa… Hemos podido ver otra parte de ti que nunca nos habías dejado ver y te lo agradecemos. Te adoramos… y lo que me haces sentir a mí y a mis amigos, lo que haces sentir a mis amigos negros es empoderador. Te quiero, siempre lo he hecho y siempre te querré”. Un discurso al que puso poner el broche de oro, ya fuera de cámaras, rompiendo el gramófono dorado para compartirlo con ella.

No era la primera vez que Adele lloraba en el escenario. En su homenaje al fallecido George Michael, cantó “Fast Love” pero decidió parar de repente la actuación, algo insólito. Cuando ya llevaba un minuto cantando interrumpió la música para volver a empezar porque se equivocó en la letra“Lo siento, la he cagado. Tenemos que parar. Perdón por decir un taco, pero no podemos seguir así. No puedo equivocarme así, por él”. Al finalizar la actuación, acabo llorando y muy afectada, pero arropada por los aplausos de un público en pie. The show must go on. 

Todo lo que hace Adele es admirable y cinco premios Grammy sólo son un homenaje más a lo que ella se merece como artista.

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