El Rey León: un ‘festín’ de emociones

Desde el pasado jueves 18 de julio podemos ir al cine a disfrutar del reencontrarse con Simba, Nala, Timón, Pumba y compañía en El Rey León.

Desde el pasado jueves 18 de julio podemos ir al cine a seguir disfrutando de la apuesta de Disney por revivir la infancia de los niños de los años 80 y 90. Esta vez toca reencontrarse con Simba, Nala, Timón, Pumba y compañía en El Rey León.

El nuevo remake en live action coincide con la celebración del 25 aniversario del estreno mundial del film, que en esta adaptación sigue brillando con, prácticamente, todo su esplendor.

Ya desde un inicio, emociona entrar a las salas y ver la ilusión de las nuevas generaciones por descubrir quién es Mufasa y el contraste con los jóvenes treintañeros que contienen las lágrimas al comienzo de ‘El ciclo sin fin’.

 

A nivel personal, creo que Hans Zimmer vuelve a convertirse a nivel metáforico en el Rafiki de la producción. Un guía que está ahí para encumbrar la obra y llevarla a buen puerto.

Sin duda las expectativas generalizadas entre el público eran altas, pero la grandeza visual, unida a un guion que aunque conocido, sigue siendo exquisito, mantienen a la altura la historia de la sabana más famosa del planeta.

Si bien es cierto que se echan en falta algunos guiños míticos durante el largometraje, se incluyen otros tantos que emocionan y captan la atención del espectador.

Al terminar la película no dejaba de escuchar a los asistentes alabando la sensación de haber visto un perfecto documental animal adornado con una pureza emocional que quizás se echa un poco en falta en los cines en estos últimos tiempos.

La música de Zimmer y Elton John vuelven a ser el mejor respiradero de la producción.

Si bien la versión en español de la película, cuenta con las voces originales de Timón y Pumba, parece casi imperdonable ver también la película en versión original, aunque solo sea por el placer auditivo de disfrutar de la voz de Beyoncé en su papel de Nala.

No obstante, resulta casi imposible alcanzar el éxtasis cinematográfico al que nos transportaba la versión original de 1994, por lo que es recomendable intentar interiorizar que, como todas estas adaptaciones, se trata de un homenaje para los niños de 30 años.