«El Madrileño», escultura neoclásica esculpida a golpe de cultura española

El Madrileño
El Madrileño

En una sociedad tan polarizada, tan de bandos, de guerrillas y de trincheras querer gustarle a todo el mundo es una utopía. El Edén no existe, o al menos nosotros todavía no lo hemos encontrado. En el contexto actual es mucho más importante generar notoriedad que generar simpatía. Que hablen de ti, que sepan de ti. En un mundo tan acelerado los prejuicios cuelgan de las paredes. Y solo aquel que consiga lidiar con que no existe aceptación universal podrá crear algo de verdad. Sin trampa ni cartón. Exactamente lo que ha hecho C.Tangana con ‘El Madrileño’, un álbum que ya es de récord.

El artista de los mil nombres no engaña a nadie en su último disco. Sale a matar, con todas las de la ley. Y muy probablemente lo haya conseguido gracias a que su popularidad y personalidad han construido un telón de acero capaz de resistir las envestidas de los más puristas y resentidos. Se ha sentido libre para crear un producto transversal que se cimenta en tres pilares básicos: colaboraciones, sonidos y letras.

Desnudando El madrileño

‘El Madrileño’ es una oda al costumbrismo español, a ese casette de gasolinera y a la verbena de pueblo. Con una música que se construye a través de elementos del imaginario colectivo de generaciones pasadas hasta convertirlos en actuales. ‘Volver a poner de moda aquello que ya estaba de moda». Un mapa de sonidos, un entramado suburbano de ritmos y estilos del que salen diecisiete paradas tan variopintas como exclusivas.

De hecho, el inicio y el final de disco nos ilustra esa simbiosis que existe dentro de éste. Solo él podría iniciar el CD con ‘Demasiadas mujeres’, un tema en el que usa el ‘sampler’ de ‘Campanera’ de Joselito y a la vez sonidos de una marcha de Semana Santa. Solo él podría finalizarlo con ‘Hong Kong’, un pop rock guitarrero junto con Calamaro en el que difumina las fronteras de la música atreviéndose con un rollo improbable de encontrar en otros discos de C. Tangana. Esa línea de variedad es que la sigue todo el trabajo de ‘Pucho’.

Muy prematuramente encontramos ‘Tu me dejaste de querer’, el clímax del disco, lo que ‘Malamente’ sería a ‘El Mal querer‘. Es el tema más comercial, el que vende, el que transciende. Un ‘single’ grabado a fuego en el imaginario colectivo de esta generación, una ‘rumbachata’ que nos vuelve a anticipar esa fusión que hay en el disco de ritmos españoles y latinos.

Viaje transatlántico de canción en canción

Al otro lado del Atlántico encontraríamos por ejemplo ‘Muriendo de envidia’, un tema que crece hasta el son cubano más bailongo desde una ‘habanera rumbera’. También ‘Un veneno’ se acerca a esas bodegas de la isla cubana. En este caso, el inicio puede recordar a la canción ‘El Jinete’, que entre muchos otros cantó José Feliciano. Y precisamente él mismo acompaña a C.Tangana en este bolero que termina al alza, con más marcha.

También Cuba asoma la cabeza en ‘Cuando Olvidaré’, una propuesta con destellos de guajira en la que además participa la guitarra y la contundencia del tango argentino. Uno de los temas más susurrados y tranquilos de los 17. Por su parte, el vecino de Uruguay Jorge Drexler aparece en ‘Nominao’, en el que los riff iluminan el camino de ambos artistas. Un tema alejado de lo urbano e influenciado por el rock y el folk alternativo.

En este tour latino también paramos en Brasil para deleitarnos con ‘Comerte entera’ junto a la guitarra de Toquinho. Hay unos segundos iniciales que personalmente me trasladan a ese ‘ya no me acuerdo’ de Estopa, a pesar que el resto de la canción bebe de la electrónica y sobre todo de la bossa nova. Es uno de los más comerciales, más parecido a lo que el artista había hecho antes.

La estancia en ese continente sigue con ‘Cambia’, una especie de ranchera ibérica juntada con rumba en la que confluyen una cantidad importante de instrumentos. Los acompañantes en este caso de el madrileño son Carín León y Adrián Favela.

‘Párteme la cara’ también tiene sello mexicano de la mano de Ed Maverick, quién hace los coros y le da un toque más femenino y sensual al tema. Aquí hay una bajada de revoluciones y podría considerarse el más popero del conjunto. Por su parte, ‘Te olvidaste’ viene junto con Omar Apollo, en una canción hipnótica y ambiental, con una base muy marcada y unos minutos que pueden evocar al indie. De hecho, esta podía ser una canción perfecta para un dúo tanto con Travis Scott como con Mon Laferte o Natalia Lafourcade.

La España más rumbera también está presente

‘El Madrileño’ también bebe de las raíces españolas y europeas y toma prestado ‘el flamenquillo’ y la canción española para alzarla a la cresta de la ola. ‘Nunca estoy’, el tema que conocimos el año pasado era un anticipo de lo que podía ser este disco. A partir de ‘Cómo quieres que te quiera’ de Rosario se lanza a por una canción urbana en la que los últimos 30 segundos son solo base electrónica. Como, por ejemplo, ‘Di mi nombre’ de Rosalía.

Pero dejando de lado ‘Demasiadas mujeres’, los dos temas más patrios en lo que a sonido se refiere son dos perlas pulidas y brillantes. ‘Ingobernable’ es una verbena, una discomóvil, un petardeo. Un inicio tan de Los Chichos y de Los Chunguitos pasando por esa música ‘Estopera’ y un final tan de ‘Pucho’. Metiendo la estocada se encuentran Los Gypsy Kings, directamente desde Francia para recordarnos que la rumba, el jamón y el sol son elementos internacionales.

Y como colofón a toda esa rumba aflamencada surge ‘Los Tontos’, tema que graba junto con Kiko Veneno. Es la antípoda (junto a ‘Ingobernable’) de lo que C.Tangana hace y presenta, pero una vez más aquí demuestra que las etiquetas para la música son tan inútiles como un mapa en el desierto.

Un álbum de colaboraciones

Para entender el mensaje que C.Tangana ha querido mandar con ‘El Madrileño’ es inevitable hacerlo sin analizar los encuentros en cada canción. Lo primero, es un álbum ‘multiestilo’, como si él viajara en metro y en cada estación subiera un pasajero dispuesto a interpretar lo que mejor sabe.

El álbum posee una alineación de colaboraciones que hasta puede parecer excesiva (excepto en exceso de mujeres, ya que solo aparece una, ‘La Húngara). No obstante, esos conjuntos son meditados y ayudan a moldear el sentido de las canciones. En la ‘tracklist’ los músicos se adaptan a la pista y no al revés. Por eso da la sensación que a veces es el propio Tangana el invitado, el que colabora.

Y las personalidades elegidas también demuestran que lo que quería hacer el madrileño estaba lejos de cualquier producto comercial. Si hubiera querido un séquito de reaggetoneros, lo hubiese tenido. Sin embargo, él se baja al ‘underground’ y huye del ‘mainstream’, juntándose con artistas poco conocidos en nuestro país (Favela, Toquinho); o influyentes en décadas pasadas, algo lejanos para el público potencial al que va dirigido (Calamaro, Feliciano).

Un lenguaje y una estética propia y medida en ‘El Madrileño’

Por último, el entramado del disco no se entendería sin el sentido y la forma del mensaje. Las letras de las canciones hablan de desamor (a veces con un tono muy poco agraciado) o de la fama y el dinero (con un tono más adecuado). Y esas letras lo hacen con un idioma que sale de las entrañas, tan nuestro como el agua que bebemos. Un lenguaje a veces soez y poco estético que se acerca a la calle y al mundo urbano.

Conceptos como ‘Puerto Hurraco’; ‘Pero con las mismas que has venío’ te puedes ir yendo’; ‘y ahora le rascan los huevos al toro’ o ‘perico’ (no Delgado) son referencias a lo suburbial y a esa España Cañí de la que beben muchos de los estilos que confluyen en el disco.

También los videos de las canciones son un reflejo de la sociedad a la que evoca C.Tangana. Una estética retro, vanguardista, costumbrista. Historias del Siglo XXI con el trasfondo de los años más castizos del S.XX. Y si no, ¿Por qué Imanol Arias, Antonio Alcántara para muchos, sale en uno de los videoclips recitando un soliloquio de Pepe Blanco, un referente de la copla? Todo tiene que ver en una escalera de diecisiete peldaños que se tiene que subir de golpe. Es un disco bebido de un trago. Si se escucha suelto se pierde el hilo conductor de la historia, de esa carretera que va desde Andalucía hasta Portugal.

‘El Madrileño’ es un paso más en la carrera de Antón. Es un salto al vacío lleno de raíces, de referentes y referencias. Un viaje por las laderas españolas, por las tabernas, por los poblados gitanos. Es un contrabando de ideas interminables, de imaginarios y de arreglos muy medidos. Es una escultura neoclásica que busca poner de moda la música que un día nos permitió estar aquí.