Polos y desiertos, todo está “Dentro”

Extraño mucho hablar durante horas y horas con la gente. Será la velocidad, será la posverdad, el click, será que la teoría de La Resonancia de Schuman y la aceleración del planeta es cierta, será que las mesas de café devienen en salas de reuniones cada vez más, será que es otoño y me vuelvo crepuscular y críptico, será que sueño despierto con Dickens, y el premio al snob del año es para…

Hablar de lo que sea, dar vueltas y vueltas sobre temas que olvido, sobre ciencias que desconozco por completo, sobre gente que no existe, sobre películas irrealizables, sobre dramas de cartera, sobre la inmortalidad del cangrejo, sobre Adán y Eva, sobre si la manzana era roja o verde, sobre si realmente la industria del piojicida no instala secretamente miles de liendres en las almohadas de todo el mundo antes de que salgan a la venta para así generar unas cifras idílicas. De todo eso y más. De toda esa colección hay un tema que me genera especial interés, y se inicia cuando alguien dice “la música contemporánea no es música” o algo por el estilo.

Dodecafonía, politonalismo, conceptualismo, etc etc etc.. Suele llamarse música contemporánea al movimiento iniciado por músicos de formación clásica y académica que a principios del siglo XX dieron mucho que hablar por sus inquietudes con el sonido y sus posibilidades como Arnold Schoemberg, John Cage o Karlhein Stockhausen más adelante. Sentarme a hablar con un detractor de estos artistas es para mí un ejercicio mental excelente, una gimnasia que me obliga a recordar que la humildad y el respeto son dos cualidades muy bonitas que cultivar ya que por lo general mi interlocutor hace gala de algunas intensidades un tanto sectarias. Por todo esto creo que la reciente edición de “Dentro”, el nuevo EP de El Hijo va a reportarme muchos momentos atesorables.

Militante sonoro, artesano first class, hortelano discográfico, y así podría seguir jugando todo el día a maridar términos de aquí y de allá para intentar, infructuosamente, catalogar (algo tan necesario para los oídos de estos tiempos) al ex Migala (venga, ya paro).

El Hijo, piel psicoactiva que viste a Abel Hernández, es un proyecto que entrega a entrega dio señales de que “Dentro” llegaría algún día. Tal vez cuando el sencillo ‘Soltero Negro’ nos abofeteó con Baga biga higa, o cuando en 2012 se editó aquél salto de fé que fue ‘Los Movimientos’ podríamos haber albergado alguna sospecha, “Dentro” llegó. Y yo con estos pelos.

Ya me veo sentado en mi casa, rodeado de platos sucios y la cara de felicidad de algún ser humano que ha sido distinguido con la posibilidad de una cena gratis en mi casa, satisfecho, rascándose el abdomen y diciendo algo como “la verdad es que no entiendo cómo cocinando tan bien puedes escuchar esa música tan rara”. Mientras me dedico a abrir alguna botella de algún producto que disipe las inhibiciones de mi interlocutor (pero la barata por supuesto, las bebidas caras son sólo para aquellos que comparten mis gustos musicales, faltaba más) le hago la siguiente observación.

-Mira xxxxx (aquí va el nombre de cualquiera de los innombrables que se aventuran a aceptar mis invitaciones) ¿alguna vez fuiste a un desierto, o a una zona cercana a los polos?

-Si, el verano pasado, estuve en el Sáhara, no veas, fue una experiencia renovadora, me reencontré conmigo…

-Que sí, que sí, que te reencontraste contigo y con todos los otros que habitan dentro tuyo y ahora eres mejor persona. Pero atiéndeme ¿podrías haberte quedado a vivir en el desierto?

-Hombre no, imposible, excesivo calor, incomodidad, vamos ni loco.

Y es ahí cuando consigo por fin explicarme. Las disciplinas artísticas son como las ciudades y países, algunos nos hacen sentir como en casa al límite de plantearnos la mudanza, otros en cambio nos deslumbran con sus extravagancias pero no podríamos aguantar allí más de los días y noches contratados. Pero entonces ¿cómo puede ser que seamos capaces de pagar cantidades y cantidades de dinero por visitar países incómodos, ciudades incómodas, viajando en aviones incómodos para dormir en hoteles incómodos pero no somos capaces de dedicar tres minutos a una experiencia sensorial incómoda? ¿por qué nos entregamos en cuerpo y alma (y tiempo y dinero, insisto) al viaje por el planeta sin miramientos, pero nos cuesta tanto el viaje a otros sonidos, a otras texturas?

Es por esto que no voy a diseccionar esta producción de El Hijo, ni voy a detallar cuánto me recuerda al Scott Walker de las últimas décadas, ni de cómo a ratos me siento en un planeta distinto mientras lo escucho, aunque lo haga en aquellos instantes que tarda en calentarse el agua del té. No voy a calificar (nunca lo hice, no vamos a empezar ahora) ni a venderte nada. Voy a apagar el ordenador y a apretar el botón indicado para iniciar el viaje por ‘Dentro’, porque el destino tal vez no sea mi hogar, pero es un paisaje muy interesante. Como los polos, o los desiertos.

Texto: @javiervittone
Polos y desiertos, todo está “Dentro”
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