De los festivales a las salas

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Los festivales mueven la música. Es algo que todos tenemos aceptado, vemos a un montón de grupos pisar el escenario mientras nos lo pasamos genial con nuestros amigos. Pero para los grupos no siempre es fiesta. Los festivales también suponen un problema.

Muchos grupos hacen gira de festival en festival durante el verano, pero cuando llega el fin, el frío, la lluvia o la nieve. Ahí es cuando un grupo sufre el mal de festival. Mientras que con el calor la gente abarrota las primeras filas los conciertos en sala son fríos y mermados de público a veces desesperante. El problema de los festivales es que la gente prefiere ver a muchos grupos, pero luego no los apoyan cuando visitan su ciudad. No digo que dejemos de ir a los festivales y nos dediquemos solo a ir a verlos en locales o salas, los festivales dan vida a todo el mundo. El problema es que la gente vaya solo a los festivales.

Benditos festivales que hacen que la música en España se mueva. Benditos festivales y benditas salas, igual de calurosos ambos escenarios. Y bendita la gente que las llena cada semana. Ese es el carburante que se quema en verano, el que todos disfrutamos.

Vayamos a festivales y salas por igual. Los festivales hacen que descubramos un sinfín de bandas que, más tarde, en salas, nos acabarán llegando hasta los huesos y las amemos como si fueran propias. Así se forja una conexión única, esa que todos tenemos con nuestro grupo favorito, forjando nuestro setlist personal que acabará llegando a otra persona y los hará suyos, pero a su manera. Y eso es lo mínimo que podemos hacer por la música. Bendita música.