Dani Martín hace vibrar Valladolid

El cantante madrileño Dani Martín llenó el auditorio Miguel Delibes el pasado sábado 25 de marzo para hacer del público el principal protagonista.
El ambiente ya se empezaba a palpar alrededor de las siete de la tarde. El concierto al que asistirían 1.700 personas no daría comiendo hasta las nueve, pero los más impacientes no podían resistir pasear por los alrededores del auditorio. Valladolid aguardaba con una temperatura fresca pero cálida en ánimo; se preparaba para una noche inolvidable.
Los seguidores del cantante se iban acercando hasta el recinto mostrando sus ganas de que diera comienzo el concierto. Algunos de los más fanáticos aprovecharon para hacer algunas compras en el puesto de merchandising y, por fin, cerca de las ocho y media de la tarde la puerta que llevaría al cielo a los asistentes se abría.
Destino 48, la joven banda gijonenses, comenzó a animar la atmósfera con un público que ya se veía predispuesto.

Agradecidos por el arropamiento de los asistentes, el grupo también no desaprovechó la ocasión de dar las gracias a Dani por otorgarles la oportunidad. Mientras, la sala se iba llenando para no dejar ningún de los asientos vacíos. Las entradas se pusieron a la venta en noviembre y a los cinco días el cantante ya anunciaba el lleno completo.
La hora se acercaba. Pasadas las nueve de la noche unos focos de color azul y unos televisores con las imágenes del enfrentamiento en un ring de boxeo acompañaban a una música tensa y un comentarista que narraba el encuentro. El público se preparaba para el combate.

Dani Martín apareció en escena y los asistentes enloquecieron. Un público formado por niños, adultos y mayores compartían las ganas de disfrutar de aquella noche tan esperada. Hacía seis años que el cantante no pisaba tierras pucelanas. Comenzaba el viaje con Las ganas, uno de los singles del disco con el que está recorriendo la geografía española: La Montaña Rusa. Continuó en la línea rockera con Romperás con la que no dejó de hacer saltar al público, seguida de Paloma. Prosiguió en un tono más dulce con Dibujas con un público enamorado. Y la primera alusión a su época en El Canto del Loco fue con Peter Pan, para después volver a su último disco con París.
Las canciones se sucedían, pero todos querían que el tiempo se congelara. Interpretó también canciones de su segundo disco en solitario: Dani Martín como Beatles y Stones o Mi teatro. Dani no quiso hacer descansar a unos asistentes totalmente entregados. También entonó Madrid, Madrid, Madrid; compuesta por su amigo Leiva.
Pero lo que verdaderamente hizo enloquecer al público fueron los recuerdos a canciones que llevan en sus corazones desde los inicios del madrileño. Ya nada volverá a ser como antes y Una foto en blanco y negro brotaron como un eco que no cansa. Dani salió de escena. Su público no le falló: querían más y lo pedían.
Las luces se atenuaron e Iñaki García al piano y Miki Molina al violín se preparaban para uno de los momentos más especiales de la noche. El cantante volvía al escenario más relajado para estremecer. Tocaba el turno de Mi lamento, canción intocable en su repertorio con un significado muy especial, dedicada a su hermana fallecida. Dani heló los corazones de todos los allí presentes con momentos de silencios insólitos. El público se volcó con una gran ovación.


La noche progresaba y Dani aparecía con una copa de vino de la tierra para cantar Por las venas. A continuación, pasó a presentar de una forma particular a los componentes de su banda: The Reventhones. Uno a uno y con las palmas del público fue nombrando con una rima repetida por el público. Las sorpresas acababan de empezar. El cantante se puso a manos de una guitarra para dejar como protagonistas a sus músicos para interpretar la mítica canción Mucho mejor (hace calor) de Los Rodríguez. Además, Dani Martín interpretó con garra la conocida canción Feel de Robbie Williams.
Las canciones pasaban sin que nadie pudiera resistirse a bailar, cantar o dar palmas. Sobre todo nadie quería que el espectáculo terminase. El cantante despistaba al público yéndose de nuevo del escenario, pero todos pedían más. Apareció para cantar Guerra de Pasos, La suerte de mi vida o Cero. Todos querían más.
No pudo faltar el agradecimiento a su discografía y a los técnicos de sonido siempre habitual. El culmen de una noche indescriptible fue la tan bien acogida canción de Los Charcos. Y sí, la noche acabó. Dani recibió la sonoridad de aplausos y griterío de un público más que satisfecho. No querían irse y Dani saludó desde la distancia a todas las partes del auditorio.
Todos los agolpados a la salida emanaban rayos de felicidad, los primerizos y los acostumbrados a los directos del cantante coincidían en un cúmulo de sentimientos y emociones que solo hacían pensar en: “¿Para cuándo la próxima?”

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