Concierto OT Sevilla: Concierto con sorpresas

Eran las 21:15 de la noche y el sol empezaba a caer en el Estadio de la Cartuja de Sevilla. La gente empezaba a tomar asiento o a acercarse a las vallas que los separaban del escenario que esperaban ver desde las 9 de la mañana sentados a las puertas del estadio. Gritos, muchos gritos a cada minuto en cuánto una persona paseaba por la zona del escenario, ya fueran los triunfitos o los músicos o gente del equipo. La locura por OT latía con fuerza en La Cartuja y eso se notaba.

A las 21:30 en punto sonaron los primeros acordes de la primera grupal: “I’m still standing”. Las primeras voces levantaron los gritos de los más fans, que consiguieron tapar el sonido estridente y nada claro con el que empezó el concierto. A medida que el concierto fue pasando, el sonido fue mejorando y finalmente sonó perfectamente, pero, la primera mitad estuvo plagada de ruido y varios acoples de los micros que provocaron algún que otro chillido por el sonido estridente que inundó el estadio.

Fallos de sonido a parte, la primera mitad del concierto fue bastante floja.

Es lógico. Lo bueno se sirve siempre al final, como guinda que corona el pastel, pero, en el principio se notó lo decaído que estaba el público de la grada. Y eso que Ricky fue el siguiente en salir con “Let me entertain you”, y con él parecía que el concierto había empezado en la zona de la grada, pero, qué va, desde “Todas las Flores” de Ana y Amaia hasta “Manos Vacías” de Raoul y Agoney, fue un desfile de canciones que algunos cantaban y otros se limitaban a mirar el móvil o a hacer como que se sabían las canciones.

Entremedio, salió Marina, la anfitriona de los triunfitos que esa noche jugaba en casa. Su “Por fin estamos en Sevilla, coño”, levantó el griterío de los sevillanos que animaban a su paisana durante sus palabras dedicadas a la ciudad. Marina, quién no dejaba de decir lo afortunada que se sentía de estar allí, dedicó sus minutos de charla en el escenario a dar voz al colectivo LGTB como representante que es, recordando que el mes de junio era de ellos y que había llegado la hora de luchar por sus derechos, por aquellos que están y por los que ya no.

Tras el dúo Alfred y Marina con “Don’t dream it’s over” y el discurso de ella, llegó uno de los dúos más esperados de la noche: Raoul y Agoney y sus “Manos vacías”. Fue notoria la frialdad del dúo, pero también fue notoria la profesionalidad de ambos, quiénes tras terminar su actuación, cogidos de la mano pero con unos centímetros de distancia, levantaron sus brazos por “el amor, la libertad y la visibilidad”. Seguidamente, llegó la primera sorpresa de la noche: la pequeña Nerea se hizo enorme en la Cartuja con su “Quédate conmigo”. Su actuación, perfecta vocalmente y llena de fuerza, hizo que el estadio entero la ovacionara. El público había empezado a despertarse.

Cuando parecía que Nerea se había llevado al público a su terreno y que comía de su mano, llegó la impecable y perfecta Amaia para “arrebatarle” el público. Ella y un piano. No necesitó nada más para callar al público y dejarle embelesado y lleno de “Miedo”. Amaia y su magia inundaron el estadio que, aquella noche, contaba con 20000 personas, más que en el Palau Sant Jordi, dato que Ricky había dado nada más empezar el concierto. Amaia hizo que 20000 personas se arrodillaran a sus pies, no literalmente pero sí metafóricamente.

“Con las ganas” de Amaia y Aitana, “Euphoria” de Miriam y Thalía, “Million Reasons” de Raoul, “Symphony” de Nerea y Agoney, “Cenizas” de Thalía… Una canción tras otra se fueron sucediendo con el público totalmente conectado con los triunfitos. A destacar de este tramo del concierto, la voz desgarradora de Raoul en su canción en solitario que a más de uno dejó impresionado.

Y cuando ya hacía falta un descanso de tanto baile y tanto cantar, Ricky y Mireya y su “Madre Tierra” fueron los primeros en conseguir que la grada se levantara y empezara a bailar. Y es que, este dúo, sabe como subir la adrenalina y darle al concierto el toque festivalero y de espectáculo que merece.

Las siguientes actuaciones estuvieron plagadas de expectación. La benjamina Aitana salía y cantaba su ya mítico “Issues”. Era una de las favoritas de la noche, y eso se notaba en el ambiente. Pero, más se notó en el ambiente el momento en el que Cepeda aparecía en el escenario presentado por su tan adorada Aitana. “No puedo vivir sin ti” sonó en el estadio cantado por ellos y es que, los Aitedas, aquella noche, durmieron tranquilos. En cuanto terminaron su canción, los dos se abrazaron cariñosamente y Cepeda le regaló un beso en la mejilla a Aitana. Aiteda estaba más latente que nunca. “Un beso, un beso” coreaba el estadio. Beso no hubo, pero el “te diría que te quiero todas las veces del mundo” y el “creo que está todo dicho” de Cepeda, dio lugar a que los fans interpretaran como quisieran todo aquel espectáculo y que cada uno sacara sus conclusiones.

Aitana se marchó, dejando a Luis Cepeda sobre el escenario, quién no contó ni con el mejor sonido de guitarra ni con la mejor pronunciación de su “Say you won’t let go”, pero, a su público le dio bastante igual. Algo tiene Cepeda que, haga lo que haga y haga como lo haga, enamora a su público.

Tras Cepeda, se presentó la malagueña Mireya sobre el escenario con su “Ni un paso atrás”. Al igual que su compañero Raoul, su voz desgarradora y su directo crearon un ambiente de bellos de punta que hicieron recordar al público que queda mucha Mireya para rato.

Mimi y su “A-YO” (quién ya había salido anteriormente junto a Ana Guerra en “Don’t you worry ‘bout a thing”)  como última cantante en solitario antes de una de las grupales más esperadas: “A quién le importa”, con la que consiguieron que el público sentado volviera a levantarse para bailar junto a ellos una de las canciones más míticas de Alaska. A destacar como fallo, algunos momentos en los que los cantantes cantaban y la cámara no les enfocaba.

Estábamos en la recta final del concierto. Roi trajo “Heaven” a la tierra y su querido “sapoconcho” volvió a salir de boca del público para ser ovacionado tras su actuación. Su “sister A”, su amiga Amaia, se volvió a presentar en el escenario para dar un toque íntimo y juguetón al concierto interpretando un “Shape of you” más propio de lugares pequeños que de un estadio pero que se disfrutó con gusto. Esta actuación se la dedicaron a Roberto Leal, presentador de galas de Operación Triunfo y paisano de todos los sevillanos allí presentes.

La actuación de “Eloise” no pasó por su mejor noche. Como ya se menciona anteriormente, desde la grada la acústica no era la mejor, y a Agoney se le escuchó más gritar que cantar por el mítico Tino Casal. Aun así, podría haber sido peor, y ya al final de la canción, pudo verse al Agoney más divo e impactante que en actuaciones anteriores no se había visto.

Miriam fue otra de las cantantes impecables de la noche. Anteriormente ya había llegado a presentarse al público con su “What about us”, pero con “Invisible” terminó de conectar con un público que se enamoró de la leona gallega. Y de Miriam, saltamos a Alfred, quién salió anteriormente en distintos dúos y grupales pero que, hasta ese momento no se había lucido solo. Las luces siguieron a Alfred aquella noche no tan estrellada de Sevilla. Un mar de luces inundó el estadio mientras Alfred García daba lo mejor de sí cantando su single “Que nos sigan las luces”, generando un gran espectáculo que acabó siendo ovacionado. Por cierto, aquella noche el cantante catalán contó con el apoyo de su familia y amigos que habían ido a verle actuar.

La noche no podía ir mejor: Los acústica del estadio parecía que mejoraba, el público estaba totalmente conectado con el concierto… Y Amaia volvía sola al escenario. “Shake it out” fue, posiblemente, el punto más alto del concierto. Pura emoción, desgarre, fuerza… Amaia se transforma cuando la música se apodera de ella, y verlo en directo, da hasta escalofríos. Y tras el desgaste emocional que a todos dejó Amaia, trajo de nuevo a su Alfred al escenario para devolvernos en forma de amor y magia toda esa emoción. “City of Stars” volvía a sonar de la mano de Almaia y volvía a inundar el ambiente de música. Alfred y Amaia demostraron así que, el “desastre” de Eurovisión no había sido cosa de ellos y que, ellos con un piano en directo, hacen maravillas.

Cuando el público parecía ya cansado, la altanera, presiosa y orgullosa Ana Guerra se presentó en La Cartuja para darle vida a “La Bikina”. La eleganza (como dice ella) reinó en un escenario en el que, los músicos también tuvieron sus minutos de protagonismos, siendo presentados por la canaria. El público no pudo evitar repetir una y otra vez “Manu, Manu”, cuando Manu Guix, director musical de la academia, fue presentado.

El final se acercaba. Poco quedaba para decirle “adiós” a los triunfitos, pero aún quedaba la traca final.

Aitana. Otra vez Aitana sobre el escenario. Aitana, la benjamina de OT que esta vez se hacía una mujer saltando desde su “Chandelier”. Si Amaia se transforma cuando la música se apodera de ella, Aitana se hace una mujer. Y se nota muchísimo ese cambio, porque cuando las notas de su canción dejan de sonar, ella se convierte en la pequeña cantante y la vergüenza se la come. Aitana pasa de ser una mujer a ser tan tierna como es.

Finalmente, llegó la canción más esperada de la noche. Medio estadio con las camisetas de “Pa mala yo” y era necesario que “Lo malo” sonara aquella noche. Aitana War, Aitana y Ana Guerra, sacaron “pa fuera lo malo” y dieron así el toque feminista de la noche y el punto casi final.

Miriam volvió a salir al escenario, para agradecer por enésima vez (ya lo habían hecho mucho de sus compañeros) el apoyo recibido aquella noche, el hecho de que estuvieran allí y agradeció a todo el equipo de Operación Triunfo que aquella noche “Camina” fuera un himno que los dieciséis triunfitos pudieron cantar. Las luces se apagaron tras los últimos acordes de la canción grupal pero el público pedía más: Palmas flamencas, gritos al son de “Otra, otra”… Pedían a los triunfitos algo más antes de su marcha. Y dos más regalaron.

“Tu Canción” se hizo del público aquella noche. Todo el mundo la cantaba abrazado al de al lado, coreando esos “oh, oh, oh” finales al son de Almaia. Eurovisión no había sido para Alfred y Amaia, pero a sus fans les daba bastante igual si así podían bailar por segunda, tercera o decimoquinta vez con ellos. Tanto fue del público aquella canción, que a la salida del concierto, todo el mundo la cantaba en honor a la pareja.

Y el fin de fiesta lo dio la “Revolución Sexual”. Papelillos, serpentinas y un baile final al ritmo de los dieciséis hizo que el público terminara la fiesta mucho más arriba de donde habían empezado, disfrutando OT en directo y dejando al público satisfecho.

Operación Triunfo había triunfado en el estadio olímpico de La Cartuja de Sevilla.

Concierto OT Sevilla: Concierto con sorpresas
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A través del cordón umbilical me llegaba música y no nutrientes. Soy también adicta a las series. Pasito a pasito estoy consiguiendo ser Periodista. Escucho un poco de aquí, de allí y de más allá. Eurofan bastante curiosa. Amante de la magia que crea la música.

Silvia Rueda

A través del cordón umbilical me llegaba música y no nutrientes. Soy también adicta a las series. Pasito a pasito estoy consiguiendo ser Periodista. Escucho un poco de aquí, de allí y de más allá. Eurofan bastante curiosa. Amante de la magia que crea la música.

2 comentarios sobre “Concierto OT Sevilla: Concierto con sorpresas

  • el 5 junio, 2018 a las 1:15 am
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    Creo que es la primera crónica que leo totalmente objetiva o al menos que no cae ni en el fanatismo ni en el echar por tierra por ser ot. Comentas fallos y aciertos. Se agradece y la echaba en falta

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  • el 8 junio, 2018 a las 2:02 pm
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    Se agradecen comentarios como el tuyo. Intenté hacerla lo más objetiva posible pero dando un poco mi punto de vista. Muchas gracias por tu opinión

    Respuesta

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