“Cargar la suerte” de Andrés Calamaro

Lo ha vuelto a hacer, Andrés Calamaro se ha superado otra vez y nos recuerda que el rock está vivo, y que las nuevas generaciones lo tendrán muy difícil para hacerse un hueco con trabajos de este calibre. Su anterior disco era excesivo, Volumen 11, con muchos altibajos, de este no se esperaba nada y, si las expectativas son bajas, la capacidad de sorprenderse es alta. Eso nos ha pasado con “Cargar la suerte”, un álbum grabado en Los Ángeles con unos músicos de sesión inmensos.

Señoras y señores, ya es medianoche, enciendan su reproductor, marquen el play que comienza la sesión, pueden acompañarlo con un vino, aunque para embriagarse de felicidad nos bastan unas pocas canciones, la primera es ‘Verdades Afiladas’, que nos enseña los dientes, un clásico rock marca Calamaro, con su estribillo, sus guitarras afiladas al estilo Keith Richard y su fraseo perfecto. Después viene ‘Tránsito lento’, de aire soul y un saxofón impresionante hacia la mitad de la canción, apoyado por unos teclados delicados que generan un ambiente de bienestar sensacional para nuestros oídos.

En la tercera canción, ‘Cuarteles de invierno’, intuimos un artista que ha pasado los tiempos convulsos, de noches intensas y vive más relajado, en la rutina, buscando alimento en los mercados de su barrio. Después llega ‘Diego Armando Canciones’, un título bien peculiar donde nos habla de las necesidades diarias del autor, un mate para desayunar y otras hierbas con menos reputación para componer.

Cuando ya llevamos un rato con las revoluciones bajas aparece un pequeño chute de energía literaria que nos recuerda mucho a el clásico Paloma, pero en este caso es un rap atrevido, ‘Las rimas’, aquí tiene para todos y genialidades como “El amor en tiempos de ibuprofeno, tiene cobertura, pero no tiene relleno”. Aunque muchos dirán que acude a la rima fácil estamos ante el género canción, cuyo padre en castellano es el cantante de rancheras mexicano José Alfredo Jiménez, que demuestra que una canción tiene que tener más corazón que rigor literario para emocionar. Para cerrar la primera cara del disco subimos las revoluciones, la canción se llama ‘Siete vidas’ y aquí lo tengo claro, escucho el disco y me recuerda a Alta Suciedad, su gran éxito de finales de los 90.

La segunda parte empieza con ‘Mi ranchera’, es sin duda una de las más bonitas, “Quizás sea por la forma en que te fuiste, sin un beso ni un abrazo, mejor hubiera sido despedirte de mí con un balazo“. Nada que añadir ante semejante declaración, a lo mucho, que me recuerda al clásico; “Maté a un hombre en Reno solo para verlo morir” de Johnny Cash.

‘Falso LV’, tiene unas guitarras otra vez afiladas como el primer corte y unos vientos que acompañan a este rock que, otra vez, dispara contra la hipocresía del siglo XXI. Vuelve a bajar la intensidad en ‘My mafia’, con un canto a la amistad y la libertad, libertad de hablar sin que te juzguen en las redes sociales. De aire acústico con un final muy bonito que dice En el día del Amigo, pueden contar conmigo, para sentarme a la mesa de los bandidos”.

‘Adán rechaza’ me recuerda a Los Chicos, de su antiguo álbum La Lengua Popular, un rock de estadio muy interesante, tenemos la suerte, “Quiero vivir hasta que el padrecito, me llame para empezar de nuevo, escribir mis mejores canciones y alegrar los corazones en el cielo”, de tener Calamaro para rato.

Para acabar el disco nos encontramos dos maravillas en forma de medio tiempo, ‘Egoístas’ y ‘Voy a volver’, puedo estar tranquilo, a estas alturas ya estoy seguro que es una obra maestra el disco, que no es excesivo como su anterior trabajo, ni tiene exabruptos calamarescos. El último corte me recuerda al cierre de ‘Alta Suciedad’, El Novio del Olvido, por los recuerdos, por hablar de volver al lugar donde uno nació. Después nos encontramos una pequeña sorpresa, entre canción y canción, los músicos tocaban improvisaciones de jazz en el estudio, el ingeniero de sonido no perdió la oportunidad de grabar esos momentos y dejando correr el disco unos segundos nos encontramos esa sorpresa en forma de bonus track.

No hay mucho más que decir, los arreglos preciosos, las guitarras precisas y los silencios hermosos, una producción muy cuidada y ya tenemos la receta lista para un disco de factura impecable. No hay sorpresas, Calamaro tiene una impronta, y si te gusta, no puedes más que disfrutar de él y volver a poner sus discos una y otra vez, justamente como estoy haciendo ahora mismo.

“Cargar la suerte” de Andrés Calamaro
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Álvaro D. García Ruiz

Yo soy un hombre sincero, sincero y sin infinito y antes de morirme quiero vivir la vida un poquito.

Álvaro D. García Ruiz

Álvaro D. García Ruiz

Yo soy un hombre sincero, sincero y sin infinito y antes de morirme quiero vivir la vida un poquito.

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