Everything Now es un discazo, ¡hala! ya podéis dejar de leer

Mayo, junio, julio, y por fin, ¡agosto! Y es que al quinto mes del año 2017, se dio por iniciada una campaña de promoción enigmática llena de acertijos, singles, conciertos secretos, ediciones especiales y mucho juego, para finalmente contar con el registro completo de canciones que dan forma a esta aventura musical. Vamos a decirlo de una vez, cada vez que un nuevo disco de Arcade Fire es editado, las expectativas (malditas expectativas) se dividen en dos: aquellos que con el uniforme “indie” un tanto embutido y las gafas de pasta, ya añejas, y pegadas con celo por doquier, esperan otro “Wake Up”, y aquellos que saben que los de Canadá no son complacientes en lo más mínimo. Encontrándome en el segundo grupo, no puedo más que disentir con toda la plétora de rótulos como “falta de gas”, “pérdida de fuerza”, “búsqueda infructuosa”, “perdidos” y un largo etc., que se han utilizado para reseñar esta nueva entrega titulada “Everything Now”.

Lejos de ser un título al uso “Everything now” es un leit motiv claro y directo, una rotunda y contundente declaración de intenciones (“we´ll make it home again from everything now”, “i pledge allegiance to everything now”), una excelente carta para que las generaciones futuras sepan  cuándo y por qué todo se fue al garete. El disco arranca con Everything_Now (continued), o mejor dicho, un fragmento de ésta, empezando un efecto moebius que caracteriza toda la obra; una pieza muy del estilo de Brian Eno en cuya letra vemos, tal vez, alguna reminiscencia al Neón Bible y toda su sublime oscuridad. A continuación, la canción que da nombre al disco, da inicio al tramo más ecléctico y experimental de toda la producción.

Con una sección rítmica digna del neoyorquino Estudio 54, unas cuerdas de la épica característica de este grupo y pianos al mejor estilo ABBA, Everything Now, nos invita a recordar que el Art Rock y las pistas de baile se llevan de maravilla, y que los coros son ya una marca de la casa.

Sings of Life podría haber formado parte de la B.S.O. de las mejores películas de Shaft, con un riff  machacón y una orquestación al mejor estilo Stax, mientras Win Butler, apela a su fanatismo por Talking Heads pero, con esa forma que solo él tiene de jugar con su dicción y la respiración al atacar las melodías más minimalistas.

Antes de que empecemos a echar en falta los juegos de voces, llega Creature Comfort con Régine Chassagne jugando al gato y al ratón con la melodía principal y contestando las frases de Butler. Seguramente, sea la canción que más denota el cambio que ha manifestado la banda en los últimos años en los que incorporó más sintetizadores y hasta les dio más presencia.

Lo que sigue son las dos manifestaciones más rotundas de estilo y estética de todo el álbum: Peter Pan un reggae de cadencia roots, y Chemistry un dub juguetón lleno de ruidos y por momentos, rockero. En ambos casos, las voces, los coros, las guitarras, y el todo que forman las partes, no dejan duda alguna de que se trata de Arcade Fire.

Es realmente curioso como los ritmos afroamericanos sirven de catalizador para muchos grupos anglosajones; si hacemos memoria, The Clash, The Rolling Stones, The Police, por poner algunos ejemplos, han dejado en evidencia mucho más eficazmente su estilo personal cuando encararon alguna canción propia desde la perspectiva de estos géneros.arcade fire Everything Now

Volviendo a la pulsión conceptual del Art Rock nos encontramos con Infinite Content en donde la banda juguetea con el Punk en una espídica pieza de poco más de minuto y medio de duración para dar lugar a Infinite_Content, mismos acordes, misma letra pero ahora, en formato de Country con una atmósfera muy Marvin Gaye. El siguiente tramo tal vez sea el más uniforme en cuanto a géneros musicales, Electric Blue (con la agudísima voz de Chassaigne), Good God Dman y Put Your Money On Me, se encuentran en ese cómodo espacio de los sonidos de la New Wave en donde no importa tanto el virtuosismo sino la capacidad coral de todos los instrumentos que participan.

El último tramo  está encabezado por We Don’t  Deserve Love, una elegía que narra las derrotas del tiempo y el espacio, en estos tiempos y en estos espacios. A ratos su lírica remite al Pink floyd de Conmfortably Numb, a veces al The Cure más enfático y, llegado el final, nuevamente Evewrything Now (continued) y vuelta a empezar.

Mucho se ha dicho de este disco acerca de la falta de inspiración de la banda y hasta de “falta de rumbo”; personalmente, no hago más que recordar las palabras de Win Butler acerca de cómo en los inicios acústicos del grupo, una gran mayoría del público les abandonó cuando empezaron a utilizar guitarras eléctricas. Lejos de preocuparse o intentar satisfacer al respetable, siguieron fieles a sus gustos, sabiendo que el espacio que deja el público que se va,  es ocupado por el nuevo público que viene. De manera que paciencia, no todo va a ocurrir ahora.

Texto: @javiervittone
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