¿Por qué esta vez sí funcionó? Un análisis del fenómeno ‘OT 2017’

Se suele decir que dar un paso atrás es el mejor modo de tomar carrerilla. Gestmusic se grabó a fuego esta frase y se la aplicó durante seis años. El 20 de febrero de 2011, Operación Triunfo, tras una edición de sólo cinco galas y registrando los peores datos de audiencia de su historia, fue un formato dado por muerto por parte de la propia organización. “Nos duele en lo más hondo porque hoy se cargan un programa, lo fulminan”, decía Nina aquella noche, en un discurso de despedida que sabía a poco tras los diez años de andadura del formato que revolucionó la historia de la televisión y de la música en España.

Posteriormente, nuestra parrilla televisiva contó con nuevos conceptos de talent como La Voz o El Número 1, programas de relativo éxito que no lograban crear esa complicidad con la audiencia por su periodicidad semanal. OT había creado una marca capaz de sentar frente al televisor a familias enteras la noche de los lunes para ver crecer musicalmente a un grupo de jóvenes cuyo sueños se convirtieron, en parte, en los de España también.

A partir de 2005, Telecinco puso ante nuestros ojos un OT de cara lavada que gustó al espectador –el concurso nunca dejó de rondar el 40% del share e incluso lo superó en alguna ocasión–, pero que en las cuatro ediciones venideras iría perdiendo fuelle y ganando en contenido polémico.

El preludio de la vuelta de OT a Televisión Española se sitúa a finales de 2016, cuando Gestmusic celebró por todo lo alto el 15º aniversario del estreno de la primera edición. Un documental de tres partes en el que los concursantes rememoraron los mejores momentos de la Academia y un concierto de reencuentro ante 17.000 personas en el Palau Sant Jordi de Barcelona confirmaron que la nostalgia podría comenzar a mover “algo”. El lento pero necesario reposo de seis años y las principales aliadas, las redes sociales, podrían ser las claves de la reconciliación entre programa y espectador. Ahora que le hemos dicho adiós a Operación Triunfo 2017 no queda más remedio analizar por qué esta vez Operación Triunfo… sí que triunfó.

El punto fuerte, la conexión con el ‘millennial’

Cuando en abril de 2017 Gestmusic lanzaba la bomba de que Operación Triunfo volvía a la televisión pública, una de las muchas dudas que se generaron en torno al concurso fue el target con el que conectaría. Si equiparamos estas expectativas al boom del primer OT, sería fácil pensar que el programa podría ir dirigido a un público general, igual que hace dieciséis años, cuando atrapaba sin distinciones a todos los miembros de la familia.

Lo cierto es que esta edición se ha caracterizado por conectar como nunca con el público millennial a través de distintos canales y, por qué no, ser un nexo de unión entre generaciones que estaban en las antípodas musicales. Aunque ha asumido que la audiencia está más sesgada que nunca, OT no se ha olvidado ni un solo momento del público generalista, independientemente de lo que digan audímetros y redes sociales. Prueba de ello es la calidad y variedad de los invitados de cada gala –Raphael, Pastora Soler, Vanesa Martín, Rozalén…– o la cantidad de temas clásicos que han sonado, especialmente en las actuaciones grupales.

Redes sociales y Canal 24 Horas: el cultivo de la relación diaria con el seguidor

Hace unos años, el seguimiento de la vida diaria en la Academia era un añadido del que sólo podían disfrutar los abonados a la plataforma de televisión digital correspondiente. Sin embargo, con la novena edición de Operación Triunfo llegó la democratización del visionado del Canal OT 24 Horas en YouTube y la crónica sobre el mismo en tiempo real en las redes sociales. La apelación al espectador ha sido constante, no sólo desde las redes –vídeos de los mejores momentos subidos casi de forma instantánea, sorpresas…–, sino desde el propio control de realización del Canal OT 24 Horas, donde uno de los realizadores, Xavi Mir, hacía realidad las peticiones de los tuiteros en el momento.

Una de las cartas que jugó la organización fue, sin duda, la de contar con personas conocidas en el mundo de la creación de contenidos para Internet, con youtubers que conocen los gustos de la gente joven porque ellos también lo son. Belena Gaynor, capitaneando la administración de las redes del concurso, o Carolina Iglesias comentando lo que se decía en las redes en el chat posterior a cada gala, son sólo dos ejemplos de ese inmenso equipo.

“El reposo ha sido fundamental, pero también el cuidado y el cariño que ha puesto cada persona involucrada en el proyecto. Los espectadores nos hemos sentido muy queridos, más que en cualquier otro formato”. Son palabras de Bastardo, uno de los usuarios de Twitter con más seguidores y más activos comentando el concurso. El tuitero afirma que, a pesar de que en muchas ocasiones sus interacciones se llenaban de faltas de respeto por parte de seguidores, pronto se animó a realizar valoraciones personales sobre un programa que le “atrapó durante la primera semana”.

Si bien OT 2011 se emitió en un momento en el que las redes sociales comenzaban a ser aliado fundamental de la televisión, en comparación con la edición de 2017, el programa vivía ajeno aún a la cultura del hashtag o del “meme”. Hoy, OT es esa cultura y lo hace explícito sin tapujos, estando el lenguaje de las redes más presente que nunca en cualquiera de las facetas del programa: ya todos entendemos qué es una “carpeta” como lo son Almaia o Aiteda –contracción de nombres de concursantes entre los cuales hay una relación amorosa, a juicio de los seguidores–, o qué es estar living o blessed.

Por su parte y como principal novedad este año, los concursantes disponían de un móvil con el que podían subir contenido a las redes sociales. A pesar del aislamiento y de no recibir respuesta del espectador, los chicos de OT ya pudieron comenzar a expresar de forma más directa sus vivencias en la Academia y a crear una relación con sus seguidores.

 Adiós al estereotipo del ‘Ni-Ni’

Trabajo y sacrificio fueron valores muy unidos a la filosofía de la primera edición de OT, antes de que surgiera aquel concepto de juventud que “ni estudiaba ni trabajaba”, ni tenía intención de hacerlo. A pesar de lo que puedan decir ciertos líderes de opinión sobre la valía de la generación que hoy vive sus veinte, OT ha puesto en primera plana a dieciséis jóvenes que han pasado gran parte de sus días en las aulas de un conservatorio, recibiendo la formación pertinente para dedicarse al mundo de la música. Que conozcamos a estos chicos y sus dotes musicales es el resultado de un casting duro, en el que se buscó más la variedad de estilos y la excelencia musical e interpretativa más allá de la faceta de reality del programa.

Esta edición ha conseguido unir, no sabemos si conscientemente o no, el entretenimiento con la televisión más didáctica. Es curioso cómo el programa ha conseguido situar al millennial como agente activo en causas sociales tales como el drama de los refugiados, la lucha por los derechos LGTBI o el feminismo. Todos los seguidores de esta edición recordaremos la imagen de Alfred mostrando a cámara una camiseta de Proactiva Open Arms, una ONG de ayuda a los refugiados, o las reivindicaciones de “La revolución sexual”, la canción grupal de la Gala 5.

El claro propósito formativo de Operación Triunfo traspasa las pantallas para llegar al espectador con temas que se echaron en falta durante tiempo en la televisión pública. Las charlas recibidas sobre el VIH o sobre la importancia de donar sangre y médula son sólo ejemplos de que el aprendizaje de alumnos de la Academia y, por ende, del público, ha ido más allá de lo estrictamente musical.

 Y… volvió la fiebre eurovisiva

Cuando el concurso dejó de emitirse en TVE, el representante de Eurovisión pasó a ser elegido en un programa emitido en una noche aleatoria del mes de enero, cuando veíamos por primera vez al artista para que luego desapareciera hasta el día en cuestión. De alguna forma, hacíamos amago de volver a esas épocas pre-Rosa en las que Eurovisión en España despertaba un interés nulo.

Este año, haber “convivido” casi cuatro meses con nuestros representantes hace que los conozcamos más que nunca, que “Tu canción” sea la suya, pero también la nuestra, algo así como un sentimiento colectivo encabezado por Alfred y Amaia que haga olvidar las malas posiciones de España en el evento musical más importante del continente europeo. De momento, a falta de que muchos países participantes elijan a su representante, las encuestas sitúan a España como una de las favoritas para hacerse con el premio.

Además, de paso, de aquella Gala de Eurovisión, la radiofórmula española también extrajo otros temas que probablemente se conviertan en éxitos del verano, como es “Lo malo”, compuesto por Brisa Fenoy e interpretado por Aitana y Ana Guerra.

En opinión del periodista de 20minutos.es, David Moreno, es probable que juegue en nuestra contra el hecho de que la propuesta de Raúl Gómez se acerque mucho a la del ganador de Eurovisión en 2017, el portugués Salvador Sobral. “Pueden ganar, aunque depende del resto de canciones. Nosotros hemos vivido la emoción de esta canción a través del programa, pero el resto de Europa no, por lo que hay que hacer un gran trabajo de promoción para que se conozca su historia”, afirma Moreno.

 El tridente perfecto: profesores, jurado y Roberto

La exigente formación de la Academia ha tenido como protagonistas a un elenco de profesionales especializados en las materias que un artista debe dominar. A viejos conocidos del concurso –Noemí Galera, Manu Guix o Joan Carles Capdevila–, se han sumado profesores que han conectado tanto con sus alumnos como con el público. Ya nadie olvidará las clases de interpretación de Los Javis, en las que los alumnos sacaban todo el jugo interpretativo a sus canciones; las de técnica vocal –terminología ultraespecífica incluida– con Mamen Márquez; las del vocalista de La Casa Azul, Guille Milkyway, que impartió Cultura Musical; o las de la bailarina Vicky Gómez, ganadora de la primera edición de Fama, ¡A bailar!

Atrás quedaron las valoraciones en las que las críticas constructivas brillaban por su ausencia. El guion solía primar frente al propósito real del programa: cada miembro encarnaba un rol que poco tenía que ver con el desempeño de los concursantes. Esta vez, si la valoración del jurado ha cobrado entidad ha sido gracias al hecho de que en la mesa se han sentado todas las facetas de la música: la artística, la industrial y la periodística. No faltó el comentario mordaz en casi ninguna gala –“y no lloré, Aitana, y no lloré” –, pero tampoco el respeto hacia el alumno. Joe Pérez Orive, Mónica Naranjo y Manuel Martos se han complementado correctamente, incluso cuando las decisiones han sido difíciles y han generado más debate –por otro lado, algo que forma parte de la esencia del concurso–.

Poco queda que no se haya dicho ya de una de las revelaciones en la vuelta del concurso. TVE apostó por lo de casa y fichó a Roberto Leal para recoger el testigo de presentador de Pilar Rubio, Jesús Vázquez o Carlos Lozano. El andaluz ha crecido y aprendido casi a la par que los chicos, y, de paso, se ha metido en el bolsillo a la audiencia con una frescura y una naturalidad que se mimetiza a la perfección con las características del formato.

La edición más musical

YouTube como plataforma de música ha hecho posible el desarrollo de formatos como el cover, algo que a fin de cuentas es la esencia de este programa. Muy lejos de ser un concurso de imitaciones, gracias al salto de calidad musical que la mayoría de la audiencia alaba, cada concursante ha imprimido su estilo a cada canción semana tras semana.

Aunque no sería justo obviar que los problemas de sonido han sido el Talón de Aquiles de esta edición, es cierto que apenas ha habido galas en las que no se haya apostado por instrumentos en directo, aprovechando que la mayoría de los concursantes mostraban destreza tocándolos. Incluso hemos asistido a improvisaciones de alguna parte de sus actuaciones, como hicieron para nuestra sorpresa Roi y Amaia en “Shape of you”.

El cover cobra en OT una dimensión profesional. Detrás de las canciones de cada gala, hay un equipo de músicos que ha trabajado sin descanso para hacer los arreglos pertinentes conforme han trabajado el tema alumnos y profesores. El trabajo del músico y, especialmente del compositor, adquirió su grado máximo de visibilidad en la semana en la que los concursantes conocieron los temas con los que aspirarían a ser representantes de España en Eurovisión.

Dice mucho de OT el hecho de que en ningún momento se diluyera el nombre del autor en favor del intérprete de la canción. Rozalén, Raúl Gómez, Nil Moliner, Alba Reig o Brisa Fenoy son algunos de los artistas que compusieron canciones para los chicos y que hicieron varias apariciones en la Academia a lo largo de la semana para aconsejar a los concursantes, además de presenciar la Gala de Eurovisión en el plató.

Simplemente, Amaia Romero

Probablemente, a causa de un casting muy trabajado, hayamos podido conocer a concursantes que no encajan dentro del concepto que el imaginario colectivo tiene de “triunfito”. Cada alumno ha sabido crear una marca personal, en la mayoría de los casos sin caer en la etiqueta, una serie de rasgos distintivos con los que millones de espectadores se han sentido identificados a lo largo de estos tres meses. La presencia en el escenario de “La Bikina”, el desparpajo del “Sacoponcho” o la garra de “La Leona” ya son parte fundamental de un programa que ha experimentado un importante proceso de relevo generacional, pues un alto porcentaje de la audiencia, por edad, no había vivido “el fenómeno OT” en su pleno apogeo.

Está claro que si hablamos de sellos propios o de por qué esta edición ha sido tan “de verdad” como la primera, el nombre de la ganadora de OT 2017 es el primero que nos viene a la cabeza. Amaia tiene 19 años y algo que es difícil de explicar con palabras. David Izurdiaga, amigo y compañero de Amaia en el Conservatorio de Pamplona, recuerda que la primera vez que escuchó a la joven cantar no podía dejar de mirarla y sonreír al mismo tiempo, su voz le atrapó desde la primera nota. Añade que ambos se entendían a la perfección tocando –ella al piano, él al saxo–, a su juicio, lo más importante cuando se toca a dúo.

El amigo de la ganadora de OT destaca que las claves de su victoria han sido la variedad de gustos musicales, lo cual no es muy común en la gente de su edad y, por supuesto, la espontaneidad de la joven pamplonesa. “Muchas personas me preguntan si Amaia es así realmente, y mi respuesta siempre es un sí. Su personalidad, en algún aspecto u otro, ha gustado a España, y no me extraña en absoluto. Cuando la conoces es un amor de persona y es increíble estar con ella”.

Según David Moreno, uno de los factores por los que Amaia ha resultado ser la favorita del público es que la joven ya venía con una historia conocida detrás, tras su participación en otros talents –Cántame una canción (2010) y El Número 1 (2012) una historia que la audiencia vio empezar y cuyo desenlace adulto quería presenciar.

Ese talento comenzó a tener repercusión antes de que saliese de la Academia y en artistas que apenas habían seguido programas de estas características. Amaia llamó la atención de su querido Kanka, de Zahara o de Dani Martín, entre otros. La concursante más mediática de la edición encarna todos los valores en los que OT se ha basado este año. Su éxito se debe a una voz que, sin ser la más potente de la Academia, cuando se combina con una capacidad de interpretación que ha ido a más a lo largo de concurso, llega al espectador y a cualquiera que la escucha. También recordaremos las covers que nos ha regalado durante su estancia en la Academia, acompañada del instrumento que domina con destreza, el piano, o de la guitarra, o sus frases sin prejuicios –“no me voy a depilar las piernas, porque las mujeres también tenemos pelo”–.

Respecto al futuro artístico de la navarra, David Moreno cree que Amaia es uno de los productos de OT con pronóstico más difícil, aunque se aventura a decir que, independientemente de que ocupe los números 1 de las listas de venta o no, lo que sí es seguro es que Amaia ya se ha hecho hueco en este mundo y forma parte de la memoria musical y televisiva de este país.

Un éxito que debe medirse con los criterios de 2018

En casi todos los casos, sobre todo si hablamos de televisión, el éxito es relativo y debe ser tomado en su contexto social y temporal. Recurrir única y exclusivamente a los índices de audiencia hace pobre y desfasado un análisis de un fenómeno televisivo actual. De la nueva televisión de entretenimiento no podemos esperar un 60% de share o, lo que es lo mismo, más de 12 millones de personas conectadas a la misma emisión, como sucedió en la final de Operación Triunfo 2001.

OT no ha sido sólo su impacto en el prime-time de los lunes, sino la audiencia generada en las redes sociales –el hashtag  #OTDirecto ha sido trending topic todos los días durante los tres meses de emisión–; el número de visualizaciones del Canal 24 Horas en YouTube –en algunas ocasiones, el directo alcanzó los 100.000 espectadores–, o las altas posiciones en listas de ventas como iTunes de los sencillos de cada gala.

Fuera del entorno digital, los chicos de OT también mueven a las masas. Las entradas de los conciertos de Madrid y Barcelona se agotaron en tan sólo unas horas, además de la gran cantidad de fans que acuedieron a las firmas de discos de Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga.

Aunque a esta edición aún le quede cierto recorrido –conciertos, un documental, firmas, Eurovisión y primeros discos de los concursantes–, desde el día de la final ya se habla de un posible OT 2018. El periodista David Moreno lo tiene claro: “La gran inversión económica que han hecho tanto la productora como Televisión Española hace que lo lógico sea que vuelva. El programa no necesita reposo, sino seguir adaptándose a un año más, a dieciséis nuevos talentos”.

¿Por qué esta vez sí funcionó? Un análisis del fenómeno ‘OT 2017’
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Merce Moreno

Si hay algo que me guste más que hacer música es poder contársela al mundo. Periodista apasionada de la música rock e indie. También soy otra fan de John Boy.

Merce Moreno

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