Aitana y las razones para sumergirse en el pop de los 2000

Aitana despidió 2020 con su segundo álbum, '11 razones', un disco que lleva en sus entrañas el pop y el sonido de las bandas de los 2000.

2020 terminó a ritmo de ‘vértigo’ en lo que a material discográfico se refiere. Confluyeron en los últimos resquicios de año varios discos y canciones que nos hicieron disfrutar de los compases finales de un largo y tortuoso viaje. Entre esas novedades pudimos escuchar íntegramente ‘11 razones‘, el álbum de Aitana Ocaña. Un CD mucho más maduro y redondo que su anterior, que trajo consigo un vuelo en máquina del tiempo con destino a un pop que hacía más de una década que no escuchábamos en nuestro país.

Los 2000 para el panorama nacional fue una explosión de colores y gamas al más puro estilo Holi Festival. La confluencia de grupos, de instrumentos y de canciones fue inabarcable para un público que necesitaba a la música del mismo modo que la música les necesitaba a ellos. Y se encontraron mutuamente gracias a un sonido juvenil, macarra y desenfadado de bandas influenciadas por el punk o el rock. Unos ‘inputs’ que parecieron difuminarse con la llegada del electrolatino y el trap pero que Aitana ha querido recuperar en ’11 razones’.

Nuevos horizontes tras el inicial ‘Spoiler’

Las nuevas canciones de Aitana no se rigen por la exclusividad, sino por la recuperación de un sonido que nunca se ha ido. El punk y el rock alternativo lo han ido transformando aquellos que se han atrevido con él. Y en los 2000, en pleno apogeo del pop, esos estilos se mimetizaron con el propio pop. Si ‘Spoiler’ fue una colección de ritmos urbanos y actuales, su segundo trabajo atiende a un sonido más ‘vintage’, más de la década pasada.

Cuando comenzaron a sonar los singles de ‘Spoiler’ (a excepción de Vas a quedarte) todos se regían por un patrón muy comercial. Más encarado a la cantidad que a la calidad. Teléfono, el primer adelanto fue un jarro de agua fría para aquellos que vieron en OT una artista más que a un producto. El disco tenía pistas más que salvables, ya sea por letra o por arreglos, pero globalmente emanaba una artificialidad de la que no se sentía orgullosa ni la catalana.

Una Aitana mucho más cómoda

En cambio ’11 razones’ traza una línea mucho más ascendente y regular. Lo primero, si recupera ese sonido tan de Pignoise, Despistaos o Avril Lavigne es porque ella ha crecido con ello. Y es ahí donde se siente cómoda. El sonido de las baterías o guitarras que suenan en el single homónimo del disco son las que un día ella escuchó en las radios o actuaciones de los 2000. Y desde luego este era el momento idóneo para probarse con ello, ya asentada en el panorama y con un público que esperaba verla más madura. Es un trabajo que se entiende más como una banda de garaje que como una solista.

Además, otro aspecto a destacar es el hecho que el disco siga un hilo conductor. Un trabajo que se entiende mejor si lo bebes de golpe. Más cerca de esos sentimientos y esas emociones de los grupos de los 2000 que de las letras más superficiales y centristas del género urbano. No obstante, esto no es una apología de lo que está bien y lo que está mal, pues la música está para convivirla, no para enfrentarla.

Por último, ésta vuelta al pop es un homenaje a ella misma, a lo que ella es, a su esencia verdadera. Según la propia Aitana, como contó a Tony Aguilar en una entrevista, es el disco de su vida (y eso que solo lleva dos). Eso ya dice mucho de lo que representa y de donde quiere situarse. Ella es pop y no necesita más que 11 razones para demostrarlo.